Los instrumentos del nacionalismo de los Estados en el siglo XIX

Historia

Los Estados en el siglo XIX se dotaron de instrumentos o medios para vertebrar el territorio y la sociedad, desarrollando una conciencia nacional para generar un grupo homogéneo frente a las diversidades internas. En este artículo analizamos estos medios.

La creación y/o reorganización de los Estados obligó a uniformizar la administración, eliminando las excepciones y los estatutos especiales propios y las singularidades del Antiguo Régimen, tanto en lo referente a las personas como a las corporaciones y lugares o enclaves. Esto se derivaba del principio de igualdad ante la ley del liberalismo. Al mismo tiempo se generó una nueva clase funcionarial que contribuyó a la homogeneización descrita, potenciando las relaciones entre el centro o capital y los territorios periféricos.

Las fuerzas armadas tuvieron un papel fundamental en el nacionalismo de Estado, ya fuera en la cuestión de la vertebración nacional, ya en el campo de la conciencia nacional. Los ejércitos experimentaron profundos cambios en la era liberal. Se pasó de cuerpos de voluntarios o mercenarios a la generación de ejércitos nacionales. Las Constituciones reconocieron el derecho y la obligación de defender la patria. El ejército se convirtió en el garante de la libertad nacional pero, además, era un factor de homogeneización, ya que se integraba reclutas de todos los lugares del territorio, aunque no tanto en el plano social porque en algunos países los hijos de las clases dominantes pudieron librarse del servicio militar. La necesidad de un enemigo exterior convirtió, además, al ejército en un puntal del Estado nacional.

La policía en el siglo XIX encuadraba un grupo diverso de cuerpos, tanto en el mundo rural como en las pujantes ciudades. Tenemos que tener en cuenta que estos cuerpos velaban por la seguridad, eran garantes del nuevo orden liberal de protección de la propiedad, y llevaban la presencia del Estado hasta el último rincón rural perdido, algo que no pudieron realizar ni las más poderosas monarquías absolutas.

El sistema educativo fue de uno de los medios más eficaces para la consolidación de la conciencia nacional. En los Estados europeos se implantaron sistemas educativos y planes homogéneos, con el fin de proporcionar a las sucesivas generaciones una base cultural común, un sistema de referencia histórico y una misma lengua.

El Estado nacional se fue consolidando gracias a un sistema de elementos identificadores del mismo. Los identificadores sirven para aglutinar la identidad nacional y para proyectar la misma hacia el exterior. Los símbolos son los que proyectan una imagen de la colectividad y son reconocibles por todos sus componentes y por los que no pertenecen a la misma o se sienten ajenos a esa comunidad o colectividad: bandera, himno, escudos, fechas claves o aniversarios, y personajes.

Por otro lado, estarían los denominados identificadores rituales que buscaban la socialización de la identidad colectiva: celebraciones culturales, sociales, fiestas o deportes.

Por fin, los identificadores míticos son elementos fundamentales que permiten la proyección intemporal de la nación. Se buscan referentes en el pasado sobre el origen o la persistencia de la identidad nacional. A estos elementos estarían vinculadas la interpretación histórica, la exaltación de ciertas figuras que se convierten en pioneros de la patria, la erección de monumentos, la celebración de acontecimientos, y la implantación en los programas de enseñanza de un sistema de referencias históricas comunes.

Los nacionalismos determinan un enemigo exterior o si no se puede, un programa de expansión exterior. El imperialismo occidental se basó en el segundo de los casos, además de sus implicaciones económicas.

Con el triunfo de la burguesía en la Revolución Liberal se identificó el Estado con la Nación. Una de las bases de los Estados nacionales fue la creación y consolidación de una economía nacional, identificada con los límites territoriales de dicho Estado. Para construir dicha economía había que integrar los mercados regionales, acabar con aduanas interiores, y homogeneizar monedas y medidas.

La economía nacional tenía que protegerse de otras economías, implantándose una tendencia claramente proteccionista a medida que avanzaba el siglo XIX. La creación de una economía nacional debió mucho a los medios que proporcionó la revolución de los transportes y de las comunicaciones de la época.

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