La realidad gallega y el socialismo a comienzos de los años veinte

Historia

José Ramón Gómez Osorio (1882-1940) fue un destacado socialista gallego a partir de la segunda década del siglo XX hasta su fusilamiento al terminar la Guerra Civil. Fue diputado por Pontevedra y miembro del Comité Nacional del PSOE, representando a la Federación Gallega. Su actividad fue muy intensa, y conviene acercarse a la misma a través del Diccionario Biográfico del Socialismo Español. En este trabajo nos hacemos eco del análisis que hizo en septiembre de 1922 sobre la realidad gallega y el socialismo, y que publicó en "El Socialista", en los números 4247 y 4253.

La Federación Regional Gallega organizó en 1922 una campaña de propaganda del ideario socialista que, en su primera etapa, alcanzó a Ribadavia, Orense, Puenteareas, Pontevedra, Marín, Tuy, Porriño, Vilaboa, Moaña, Cangas y Vigo. Se pensaba en organizar una segunda etapa, con especial incidencia en las provincias de Lugo y La Coruña, y en la que se esperaba que participase Andrés Saborit.

A propósito de esta campaña, José Ramón Gómez Osorio pensó que era positivo dar cuenta, a través de las páginas de "El Socialista", de la realidad gallega para los socialistas españoles. Gómez Osorio conocía bien la realidad de su región.

Galicia no era una región industrial, como Asturias, País Vasco y Cataluña, que eran las que, en consecuencia, contaban con más miembros de la clase obrera, y donde estaba más clara la división de clases entre burgueses y proletarios. Exceptuando el Ferrol, La Coruña y Vigo, la realidad económica gallega estaba claramente vinculada a la agricultura, hasta tal punto que en las mismas ciudades citadas era muy común que los obreros de fábricas y talleres trabajasen parcelas en propiedad o arrendadas.

En Galicia no existían terratenientes como en Castilla o Andalucía, por lo que tampoco había grandes núcleos de asalariados dedicados al trabajo de la tierra. Pero sí había propietarios poco preocupados por la forma de explotación de sus tierras, que arrendaban sus terrenos a los que Gómez Osorio consideraba esclavos. Lo único que les preocupaba era el plazo de arrendamiento y si todos estaban al corriente de pago de las rentas. Los únicos que se preocupaban de la explotación, y sufrían todo tipo de privaciones, eran los arrendatarios, siempre preocupados de pagar la renta correspondiente. La labor del pequeño propietario y del arrendatario era muy dura, y en ella participaban las mujeres y los niños. El trabajo era muy duro para pagar esa renta, pero también otras cargas, como los consumos, el impuesto indirecto por antonomasia desde el siglo anterior en toda España, hipotecas, contribuciones, etc.. Gómez Osorio decía que no tenían tiempo de pensar en redimirse de su esclavitud, en clara alusión a la capital cuestión sobre la conciencia de clase en el socialismo, aspecto que desarrollará a continuación sobre la realidad educativa y cultural del campo gallego. Tal era el grado concentración en el trabajo extenuante que el campesino no estaba al tanto de la realidad general, como la Guerra de Marruecos y las terribles consecuencias que acarreaba a la clase obrera española. Este desconocimiento estaba abonado por la falta de escuelas, ya que las autoridades priorizaban el gasto público en la reparación de los templos antes de crear centros de enseñanza, no preocupándose tampoco de las necesarias obras de infraestructura viaria que, en el caso gallego, eran aún peores que en el resto de España.

Gómez Osorio se detuvo en su análisis en el grave problema de los prestamistas en la Galicia rural. Los usureros podían prestar dinero hasta el 10% de interés, con hipoteca sobre la "choza", sobre el pequeño terreno y hasta sobre el voto, en clara alusión al inmenso poder del caciquismo en Galicia.

Gómez Osorio se lamentaba profundamente de la falta de maestros, del alto grado de analfabetismo. Los periódicos y los libros eran objetos de culto en gran parte de Galicia. En caso de que algún campesino hubiera conseguido aprender a leer y a escribir ya se encargaba el cura local de ejercer la censura sobre lo que pudiera leer.

El político socialista no podía dejar de aludir a la emigración gallega hacia América, "huyendo de la injusticia, de las persecuciones, de las iniquidades de que son víctimas por el caciquismo", pero también cuando marchaban a la siega en Castilla.

A pesar de la situación de sometimiento económico, social y político del campesino gallego, Gómez Osorio señalaba que comenzaban a manifestarse los primeros indicios de rebeldía. Entre los trabajadores estaba prendiendo un "ansia de mejoramiento y liberación". A lo largo de la geografía gallega empezaban a verse sindicatos agrícolas, sociedades de agricultores y uniones de campesinos. Ya había trabajadores organizados, pero no se había dado todavía el salto a la política, ya que los Ayuntamientos, con alguna excepción, continuaban en manos del caciquismo. El caso de las Diputaciones Provinciales era aún más evidente.

Para el político gallego la organización agraria solamente podía desarrollarse a través del socialismo, buscando el nexo con los trabajadores urbanos, ya que los intereses eran comunes frente al "régimen capitalista". Esta cuestión de la unión de intereses de trabajadores de todos los ámbitos es un asunto de interés historiográfico a la hora de estudiar la estrategia socialista. Gómez Osorio advertía a los campesinos que no esperasen la llegada de un Mesías o redentor, porque no existían. La emancipación, siguiendo la teoría clásica socialista, solamente vendría a través de sus propios protagonistas. El autor pretendía enfrentarse a los que venían defendiendo que no se hablase de socialismo a los campesinos gallegos, porque, supuestamente, les asustaba. Esta teoría defendía, además, que el campesino debía vivir aislado del obrero industrial. Pero todo eso era fruto, según el autor, de los que tienen miedo al socialismo, es decir, el caciquismo de toda laya.

Gómez Osorio quería hacer patente que en la campaña de propaganda realizada, los campesinos habían acogido con entusiasmo las ideas socialistas. Más frutos se conseguirían si el Partido contase con medios suficientes para la propaganda permanente de su programa, porque en el campo era más necesaria que en la ciudad. Esta campaña debía servir de estímulo para las Agrupaciones Socialistas gallegas, pero también para los Comités Regional y Nacional. Las Agrupaciones debían trabajar para que los campesinos leyesen "El Socialista", y para organizar mítines y actos. Ese era, por fin, un momento fundamental para los socialistas gallegos porque los políticos de la burguesía habían comenzado a interesarse por los campesinos enarbolando la causa antiforal, cuando nunca se habían preocupado por la situación miserable en la que vivían.

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