Los socialistas contra las tiendas-asilo a fines del XIX

Historia

El Imparcial publicó una carta de Segismundo Moret el 24 de octubre de 1885 en la defendía el establecimiento de las tiendas-asilo, justo en un momento en el que, siempre según el político, se estaba intentando combatir el hambre en Madrid. Moret había visto un modelo de tienda-asilo en Havre. En su opinión, era una institución que proporcionaba dos grandes beneficios. En primer lugar, hacer el bien con un “pequeño y único esfuerzo”, y evitar que la limosna denigrara al pobre, o que habituándose a recibirla le separase de la “senda del trabajo y le excite a la holganza, defecto y peligro de muchas instituciones benéficas”, un último argumento muy propio de la burguesía. La carta explicaba pormenorizadamente el funcionamiento de la tienda-asilo de la ciudad portuaria.

La idea cundió gracias al apoyo de la reina Regente, y comenzaron a abrirse tiendas-asilo en distintos lugares de la geografía española. En estas tiendas-asilo se ofrecía comida a unos céntimos el plato, un lugar para asearse en algunos casos, podían ser centros de reunión y hasta se pensó que podían ser bolsas de trabajo. En Madrid se proyectó abrir una en cada distrito municipal. Las tiendas-asilo reflejan un intento intervencionista de las autoridades para paliar de forma paternalista las consecuencias por los graves problemas de pobreza que se sufría en la España del último cuarto del siglo XIX, y que llenaron las ciudades de personas en muy difíciles situaciones, siendo Madrid el principal ejemplo.

Pero estas instituciones también fueron fruto de la crítica por la calidad de la comida, por algunos disturbios que se generaron en algunas tiendas-asilo, obligando a la presencia de la fuerza pública, o porque en las ciudades pequeñas se abrieron en lugares apartados para que los vecinos no vieran quiénes entraban a comer, como ejemplo de la hipocresía social propia de la época de la Restauración, que supuso un renovado auge del conservadurismo.

Pues bien, El Socialista cargó contra estas tiendas-asilo en un artículo de su número de 9 de julio de 1886. La crítica partía, en primer lugar, de que eran realmente tiendas, y escondían un negocio, calificado de “asqueroso” porque se especulaba con la salud de los que allí acudían que acudían con el reclamo de una alimentación sana y barata.

En El Socialista se hacía una larga y contundente denuncia, basada en un informador, en forma de interrogatorio. Se preguntaba si el creador de la idea no tenía contratistas de las tiendas-asilos que hacían su voluntad sin intervención algunas de los donantes. Si era cierto que esos contratistas tenían el privilegio exclusivo de surtir estas tiendas sin inspección alguna sobre los géneros que se empleaban en la elaboración de las comidas. Si era cierto que las Juntas de Sanidad no realizaban inspecciones y, por lo tanto, no se tenían en cuenta las consecuencias sobre la salud de los que allí acudían. En este sentido, se insistía mucho en la supuesta mala calidad de las comidas que se servían al aludir a sopas de pastas “averiadas y llenas de gusanos negros”. Al parecer, después de un tiempo había habido quejas sobre estas sopas, por lo que fueron empleadas para alimento de cabras, y algunas llegaron a morir. El aceite empleado sería de mala calidad, así como el café, el chocolate y el jamón. El pan que se repartía tenía menos peso y, al parecer, las autoridades municipales del distrito madrileño del Hospicio tuvieron que decomisarlo y poner una multa al contratista, aunque desde entonces no se habían hecho más inspecciones. También se denunciaba que cuando ciertas personas acudían a las tiendas-asilo para ver cómo funcionaban aumentaba la calidad de las comidas servidas.

El órgano oficial del PSOE se preguntaba que, si lo que se preguntaba tenía respuestas favorables, ¿cuándo iban a actuar las autoridades? Aunque apuntaba que eso no ocurriría, finalizando el artículo con una afirmación demoledora en relación con las autoridades, ya que siendo incapaces para evitar el hambre habrían inventado un método expeditivo para terminar con los pobres.

Referencias:

El Imparcial, número de 24 de octubre de 1885

El Socialista, número de 9 de julio de 1886.

Carmen del Moral, El Madrid de Baroja, en el capítulo de instituciones de beneficencia y centros de sanidad de Madrid, Madrid, (2001)

Fernando Martínez López (cord.), Masones, republicanos y librepensadores en la Almería contemporánea (1868-1945), Almería (2010), en el capítulo cuarto, parte segunda sobre reformismo social masónico.

María del Carmen Giménez Muñoz, “Breve historia de los establecimientos benéficos en Sevilla desde su fundación hasta 1900”, en Hispania Nova, nº 6 (2006).

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