Los socialistas españoles: el compromiso y la pasión

Política

El socialismo español ha vivido una intensa crisis paralela a la general que padecemos en todos los ámbitos. El socialismo español intentó mitigar los primeros efectos de las políticas neoliberales predominantes en la Unión Europea pero con un éxito nulo. Pagó esa apuesta con una severa derrota electoral. El electorado de izquierdas se quedó en casa y la derecha alcanzó una victoria casi histórica. Durante esta legislatura se han provocado movimientos sísmicos en el universo político de la izquierda, desde el surgimiento del movimiento de los indignados hasta la incontestable fuerza de Podemos con la Mareas y ahora con su alianza electoral con una IU que también ha sufrido una profunda crisis interna.

La España progresista, en realidad mayoritaria desde que disfrutamos de la democracia, está profundamente dividida entre dos grandes opciones: una lucha por desbancar a la otra en la hegemonía, y la otra se resiste a ceder esa posición. Los que pertenecemos a este universo ideológico y decidimos comprometernos con una de estas dos opciones, la más clásica, la que se sostiene por su Historia y por el innegable éxito de la mayoría de sus políticas en estos cuarenta años de libertades en los distintos niveles -municipal, autonómico y general- nos enfrentamos a unas elecciones con sentimientos encontrados. Vemos los sondeos, las noticias y opiniones en los medios, las críticas incesantes proveniente de todos los frentes y sentimos una honda preocupación, seguramente la mayor desde las elecciones de junio de 1977. El socialismo español tiene fracturas, padece heridas y vive conflictos internos, pero demuestra cada día una fortaleza basada en dos factores. En primer lugar, por su ideología articulada en los principios de la socialdemocracia, que ha sido y es fundamental para vertebrar una sociedad de igualdad y libertades. Pero, también, y en segundo lugar, porque los socialistas son, somos, apasionados en nuestro compromiso político, con una energía inasequible al desaliento, pero profundamente tolerantes con el contrincante político.

Votar a los socialistas no es votar con resignación. No es un voto ante el miedo que pueda representar la otra opción de izquierdas, una apuesta llena de dudas, contradicciones, un novedoso populismo, y con un apetito de poder que sigue algunas de las directrices que marcó el leninismo con una evidente brillantez en lo teórico y en la práctica. Votar a los socialistas es seguir apostando por eso en lo que muchos españoles y europeos siguen creyendo, esto es, el Estado del Bienestar y por el triunfo del reconocimiento y garantía de derechos y libertades más clásicos.

Los socialistas españoles, con sus defectos, sus cansancios momentáneos, con su perplejidad ante los profundos cambios que nos asaltan cada día, siguen ahí, no lo duden nunca, con sus rosas rojas y su pasión por la política, por hacer de este país no una glorificación del patriotismo de opereta, egoísta y simplón, ni un laboratorio de políticas desnortadas y de efectos, en realidad, empobrecedores. Votar por los socialistas es intentar hacer un país mejor, más solidario entre sus partes, más igual entre sus gentes, demostrando que en este rincón del mundo, seguimos siendo ante todo, libres, iguales y fraternos. Hoy, como siempre.

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