El movimiento obrero en Toledo a comienzos del siglo XX

Historia

Aportamos un documento que puede servir para profundizar en el conocimiento de la historia del movimiento obrero toledano en el primer decenio del siglo XX. Ya contamos con una monografía importante sobre esta cuestión. Nos referimos al libro de Enrique Sánchez Lubián, Domingo Alonso, Apóstol del Socialismo toledano, que editó Almud en su Biblioteca Añil en el año 2013. La Agrupación de Toledo se formó en septiembre de 1891. Domingo Alonso era un jornalero que pronto se hizo tipógrafo, creando dos años después del trabajo que aquí aportamos, la Casa del Pueblo en la calle de Santa Isabel. Impulsó el socialismo toledano, y desempeñó importantes responsabilidades políticas en la ciudad y en las Cortes, hasta su muerte de forma atroz en los inicios de la sublevación del 18 de julio.

Por otro lado, también tenemos que citar el trabajo editado por el Equipo de Estudios de Comisiones Obreras de Toledo, titulado, Breve historia del movimiento obrero en Toledo, de 1870 a 1937 (1979).

Ahora nos acercamos a un trabajo que publicó Mariano García Cortés en El Socialista en su número de 15 de mayo de 1908, de resultas del viaje que realizó para participar en la celebración de primero de mayo en dicha ciudad. Recordemos que García Cortés fue un destacado socialista, licenciado en Derecho y periodista, con importantes responsabilidades en las Juventudes Socialistas, candidato en distintas elecciones y miembro del Comité Nacional del PSOE, para ser uno de los fundadores del PCE, y terminar en un giro completo en posiciones conservadoras antes de la guerra.

García Cortés nos transmite un panorama de crecimiento de la organización obrera en Toledo a pesar de la fuerza de la Iglesia, y de que el principal núcleo industrial fuera la fábrica de armas, propiedad del Estado, bajo autoridad militar, dos factores, por lo tanto, nada favorables para dicho desarrollo. Otro factor a tener en cuenta era que el movimiento obrero toledano había perdido algunas huelgas. Pero sus conversaciones con los miembros de la Agrupación Socialista y de la UGT de Toledo le habían hecho matizar sus ideas iniciales. El presidente del Centro obrero le informó de la realidad de la organización sindical en Toledo. El mayor número, con diferencia, de asociados era el de los albañiles con cuatrocientos trabajadores, seguido por los obreros del hierro y metales con 295, carpinteros (175) y agricultores (170). A mucha más distancia estaban los camareros (70), profesiones y oficios varios (50), zapateros (48), electricistas (45), tejeros (45), panaderos (38), tipógrafos (30), molineros (26), pintores (18), y sastres (16). Había inscritas 16 Sociedades, con 1.456 asociados. No se trataba, por tanto, de una fuerza pequeña en una ciudad como Toledo.

Por su parte, los católicos habían intentado un sindicato propio, pero, al parecer, con poco éxito. García Cortés lo achacaba a la fuerza del sindicalismo de clase frente al intento de este sindicato al amparo del arzobispo de Toledo, primera autoridad religiosa de España, y con la importancia de la fuerza militar, ya que la ciudad, como es sabido, era la sede de la Academia de Infantería.

Pero García Cortés quería ser ecuánime y ajustarse a la realidad, por lo que en su artículo explicaba el principal problema que veía de la organización obrera toledana que había detectado en su visita. En primer lugar, había comprobado que solamente las Sociedades de camareros y panaderos pertenecían a su Federación en la UGT, el resto no, algo que para un socialista era un serio problema. Este aislamiento no permitía el ejercicio de la solidaridad, y perjudicaba los intereses de la clase obrera toledana y española. La unidad era un elemento fundamental para el sindicalismo de raíz socialista, porque permitía contar con más medios para la lucha obrera. La organización siempre fue un valor en sí.

García Cortés no quería cargar contra los socialistas toledanos, y consideraba que desde Madrid no se había hecho el esfuerzo de propaganda necesario. García Cortés insistía en que los trabajadores debían hacer en todas partes una reflexión sobre las consecuencias que se derivaban de la atomización del movimiento obrero. Además de las obras y fuentes citadas, no debemos dejar de acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español, para profundizar en los personajes que hemos tratado en este artículo.

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