¿Por qué ser socialista?: Negrín en 1929

Historia

“Lo que no podemos admitir, lo que no podemos compartir ni de lejos, es el patriotismo agresivo, burdo, intolerante que cultivan los nacionalistas”

 

Juan Negrín ingresó en la primavera de 1929 en el PSOE. En un artículo anterior estudiamos su defensa de la democratización de la Universidad en un artículo que publicó en El Socialista. Pues bien, en diciembre de ese mismo año pronunció una conferencia en la Casa del Pueblo madrileña sobre ciencia y socialismo, donde además de hablar de esta cuestión y la experiencia soviética, realizó una serie de apreciaciones acerca del republicanismo y el internacionalismo del socialismo español, y sobre su compromiso político, que nos sirven para conocer al primer Negrín, antes de su intenso protagonismo histórico, y sus razones para ingresar en el PSOE.

Para Negrín el Partido Socialista era “esencialmente republicano”, es más, sería la única formación política verdaderamente republicana en España, un Partido que aspiraba a conseguir libertad para todos y para que todos pudieran gozarla plenamente. Esta había sido una de las razones que le habían impulsado a ingresar en la formación. Negrín insistía en que ser solamente republicano en España era no ser nada. La libertad política, que estaría asociada al republicanismo, no servía de nada sin un fundamento económico. Negrín deseaba justicia para todos y quería para todos la libertad económica, sin la cual la política no servía para nada.

Pero, además, el PSOE era internacionalista, a no confundir con antipatriota. El socialismo español era, evidentemente, enemigo del “patriotismo agresivo, burdo, intolerante” que cultivaban los nacionalistas. El interés general de la Humanidad estaría por encima del interés particular de la nación.

Afirmó que podía haber defendido estos principios en otros ámbitos, al margen de la política, pero era imposible desentenderse de la política. Para el fisiólogo el apoliticismo no resistía ni el más ligero análisis. El apoliticismo era sinónimo del conformismo. Y eso era lo que había pasado en España, el país más apolítico de todos, en su opinión, porque la política la habían realizado los caciques, manejando los hilos de la vida nacional.

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