¿Qué fin y estrategia tenía el Partido Laborista en 1928?

Historia

Antes de las elecciones de 1929, tan importantes para el laborismo británico, se preparó un programa para discutir en el Congreso del otoño de 1928. Nosotros queremos acercarnos a una parte del proyecto presentado al mismo en lo que se refiere a los aspectos ideológicos del mismo. El socialismo español, tan atento al Partido Laborista durante los años veinte, se hizo eco del mismo en las páginas de El Socialista.

 

El laborismo se dirigía a todos los obreros que creaban, organizaban, proyectaban o que ejecutaban, manipulaban y construían, a los que sufrían en las minas, en el taller o en la granja, a los que trabajaban en el laboratorio científico, en las oficinas, es decir, a todos los que con sus energías, capacidades e inteligencia construían el “edificio de la civilización”, concepto éste que siempre fue muy querido del socialismo europeo.

El Partido laborista sería socialista porque su objetivo era la organización de la producción y la administración de las riquezas que se producían, pero no en interés de una minoría monopolizadora de los medios de producción, sino en interés de todos los que colaboraban en la tarea común. Pero no se trataría de un socialismo entendido como una especie de aspiración sentimental hacia la utopía ni tampoco se contemplaba como un movimiento ciego e impulsivo de revuelta contra la miseria y la opresión.

Esta cuestión del método o estrategia era muy importante para los laboristas. Se pretendía un cambio por métodos experimentales sin violencia, utilizando el conocimiento científico y administrativo para que los recursos de la comunidad estuvieran organizados y dirigidos con el fin de asegurar a todos el máximo de bienestar económico y la libertad personal. La huella fabiana parece evidente, como es importante destacar que este modelo parecía una clara alternativa al revolucionario ruso, y así podemos interpretar el interés del socialismo español en conocer y difundir lo que decían y hacían los laboristas británicos, después de la escisión comunista.

El laborismo reconocía que este objetivo final no podía lograrse de un solo golpe. El Partido Laborista tenía que asegurar la transición a la nueva era. Pero había una tarea más perentoria y que tenía que ver con el presente, planteando un programa que no podía suponer un conglomerado de remiendos para conseguir votos de los electores desilusionados. Ese programa debía responder a las necesidades prácticas de un mundo unificado desde el punto de vista económico y en el que el bienestar dependía de la adaptación de las fuerzas industriales a los fines sociales, y en un mundo en el que las bases de la civilización estaban amenazadas por el imperialismo, y que tendría que ver con una especie de nacionalismo o patriotismo que, en realidad, buscaba subordinarlo todos al culto de los derechos de la propiedad y la búsqueda de beneficios.

Hemos consultado el número 6064 de El Socialista, de 18 de julio de 1928.

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