El descanso en los barcos de pesca en los años veinte

Historia

El artículo segundo del Reglamento de 1905 por el que se aplicaba la Ley de del Descanso Dominical del año anterior, establecía que los obreros pescadores tenían derecho al descanso dominical, salvo algunas excepciones, pero según el destacado socialista Lucio Martínez Gil, que opinaba en junio de 1924 en las páginas de El Socialista, nunca estos trabajadores del mar se habían preocupado de exigir este beneficio.

 

En todo caso, también afirmaba que las ideas asociativas y los principios socialistas iban penetrando en este sector, y habían conseguido algunos días de descanso, aunque menos de los que la legislación estipulaba hacia 1919, pero la patronal del sector era fuerte y estaba intentando arrebatar esta modesta conquista a los trabajadores, según el análisis de Martínez Gil.

Pues bien, confesaba que cuando se preocupó de otro conflicto laboral en este sector pesquero se enteró de esta situación de la inexistencia del descanso. Inmediatamente, siempre según su relato, planteó la cuestión en el Instituto de Reformas Sociales, poniéndose en marcha dicho organismo, terminando por sacar una Real orden de 5 de mayo de 1924, en virtud de la cual se establecía la forma de lleva a la práctica lo mandado en el Reglamento mencionado más arriba.

Martínez Gil había hecho una investigación al respecto, y había averiguado que los armadores de barcos pesqueros, nada más conocer la nueva disposición, enviaron telegramas de protesta contra la misma, y eligieron comisiones para ir a Madrid, presionando para su derogación, pero no lo habían conseguido. Posteriormente, el 24 de mayo se insertó una nueva disposición por la que quedaba en suspenso la aplicación de los preceptos de la Real orden de 5 de mayo, pero solamente en lo que afectaba a la pesca de altura. En este sentido, Martínez Gil interpretaba esta salvedad por la dificultad en aplicar la ley en la pesca de altura. Los patronos habían alegado que los barcos pesqueros tardaban más de una semana en regresar al puerto cuando se dedicaban a la pesca de altura. Los obreros, por su parte, habían expresado que no tenían inconveniente en que se determinase de manera especial como debía ser el descanso en estas embarcaciones, pero que se debía obligar a que se cumpliese la ley sin más dilaciones en el resto de los casos.

Martínez Gil quería expresar en su artículo no sólo su apoyo a los trabajadores, y contar el conflicto, sino también explicar al lector la dureza de la jornada de trabajo de los obreros dedicados a la pesca. Dicha jornada laboral era de hasta veintidós horas, con muy poco tiempo para comer, además de que veían muy poco a sus familias. Y, no obstante, estas penalidades, o precisamente por ello, no solían trabajar por sus reivindicaciones, con algunas excepciones.

Seguimos aportando materiales sobre la realidad de los trabajadores y trabajadoras en el pasado. No es el primer trabajo que dedicamos a los pescadores. En la hemeroteca de El Obrero podemos encontrar otros acercamientos a la materia. Hemos trabajado con el número 4784 de 7 de junio de 1924 de El Socialista.

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