Las diferencias de apreciación del arte entre la masonería y el catolicismo para un integrista

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Félix Sardá i Salvany (1841-1916) fue un sacerdote catalán, destacado miembro del integrismo en la época de la Restauración. Militó en el seno del carlismo, para pasar en 1888 a ser uno de los ideólogos del Partido Integrista de Ramón Nocedal. Al parecer, el fue el impulsor de que la formación se llamase así, precisamente por el carácter peyorativo que tenía el término integrista por parte de los contrincantes políticos. En 1893 estuvo en el Diario Catalán, órgano del integrismo barcelonés. Terminó separándose del Partido y enfrentándose a El Siglo Futuro porque defendió la necesidad de apoyar alianzas electorales con los conservadores. Se enfrentó al catalanismo y defendió una suerte de catolicismo social en Sabadell. Su obra más famosa fue El liberalismo es pecado y la obra que aquí nos interesa, Masonismo y catolicismo: paralelos entre la doctrina de las logias y la de nuestra Santa Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, única verdadera, que publicó en Barcelona, en el año 1885.

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Rococó

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En principio, el inicio del siglo XVIII parecía prolongar las formas del arte barroco del siglo anterior, pero aparecieron nuevos factores que influyeron claramente en un cambio estético.

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Las artes masónicas

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La arquitectura es el arte por antonomasia de la masonería. Para un masón es la madre de todas las ciencias porque gracias a la misma aprende la proporción, la capacidad, la resistencia, la utilidad, el valor, la armonía y la belleza. Sin arquitectura no podría construir su propio templo.

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Del eclecticismo al modernismo en la arquitectura francesa del XIX

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Dentro del historicismo en la arquitectura surgió una corriente denominada eclecticismo, cuya principal representación en Francia sería la Ópera de París, dentro del contexto de las reformas urbanas del barón Haussmann. Como expresa el nombre de la corriente, se incluyeron elementos del Renacimiento con otros del Barroco, todo desde la más completa exuberancia y la ostentación como símbolo del triunfo de la alta burguesía, según los planteamientos de Garnier, su arquitecto. Por eso el hall de la gran escalera tiene más que una dimensión funcional, una función representativa donde ver y dejarse ver. Todo es mármol, bronce y onyx, pero también debajo de esa máscara se emplearon los modernos materiales como el metal.

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