Joseph Déjacque
El francés Joseph Déjacque (1821-1864) empezó a interesarse por las ideas socialistas hacia 1847, comenzando a componer poemas en los que clamaba contra la autoridad, abogando por el uso de la violencia para terminar con la misma.
El francés Joseph Déjacque (1821-1864) empezó a interesarse por las ideas socialistas hacia 1847, comenzando a componer poemas en los que clamaba contra la autoridad, abogando por el uso de la violencia para terminar con la misma.
Aportamos en este apunte un sugestivo título que nos habla de las diferencias entre símbolo, alegoría y jeroglífico:
Las elecciones alemanas del año 1912 supusieron un hito en la historia del SPD y del socialismo occidental. En el Reichstag, la Socialdemocracia alemana obtuvo 110 escaños, y los católicos, 93. Pues bien, las mujeres socialistas alemanas, aunque no podían votar, se implicaron para que el partido obtuviera dicho éxito electoral.
En el seno de los partidos socialistas fue calando, no sin dificultad, la cuestión de la emancipación de la mujer. Nos vamos a centrar en los casos alemán, belga y holandés, los más destacados antes del estallido de la Gran Guerra. En este sentido, la socialdemocracia alemana creó una sociedad paralela a la de su país y la mujer tuvo una evidente importancia.
En el socialismo español se pueden advertir dos posicionamientos tradicionales ante la cuestión de la emancipación de la mujer a comienzos del siglo XX, reflejo del debate que sobre la cuestión existía en el socialismo occidental desde tiempo atrás, ante el hecho del auge indiscutible del sufragismo de raíz burguesa, y que tenía un potencial movilizador también en el seno de la clase obrera femenina.
El austriaco Max Nettlau (1865-1944) fue uno de los pensadores más importantes para el estudio del anarquismo y de la difusión del mismo.
Piotr Alekséyevich Kropotkin (1842-1921) comenzaría a interesarse por las cuestiones sociales a través de su experiencia personal como explorador y geógrafo en las tierras rusas y finlandesas. Conoció las duras condiciones del campesinado y, eso, unido, a sus propias lecturas, le llevó a abandonar su carrera científica. También abandonó sus estudios militares en los que entró como miembro de una antigua familia nobiliaria rusa.
Errico Malatesta (1853-1932) se destacó por combinar el pensamiento con la acción. Escribió panfletos muy destacados, como Fra Contadini (Entre campesinos), L’Anarchia (La Anarquía) y Al Caffé (En el café). Su difusión fue muy amplia con muchas reimpresiones y traducciones. Escribió incontables artículos en la prensa anarquista del mundo entero, además de en los periódicos que editó en Italia, Argentina, Estados Unidos y en el Reino Unido.
Con motivo del vigésimo sexto aniversario de la constitución de la Sociedad de Lavanderas y Planchadoras, se organizó un acto en la Casa del Pueblo de Madrid, que consistió en una conferencia sobre el trabajo femenino impartida por Clara Campoamor. Tiene su interés, ya que, no creemos que haya sido recogida en ningún estudio, y aborda una interpretación de la destacada feminista sobre la historia del trabajo de la mujer.
En los años veinte parecía que Clara Campoamor se encontraba cerca del socialismo; de hecho, escribió el prólogo del libro Feminismo Socialista de María Cambrils, pero nunca ingresó ni en el PSOE ni en la UGT. En 1929 estuvo en la organización, aunque por poco tiempo, del pronto desaparecido partido denominado Agrupación Liberal Socialista. Campoamor no era marxista, y dada su radical oposición a la Dictadura de Primo de Rivera no entendió nunca la faceta de colaboración socialista en algunos aspectos, a pesar de la disputa interna en el seno de la familia socialista sobre esta cuestión. En todo caso, nuestra protagonista aceptó la invitación porque, según expuso, se sentía afín a las ideas de las sindicalistas, además de que compartía con ellas la necesidad de trabajar.
El concepto de “socialismo cristiano” nació en Gran Bretaña al comenzar la década de los años cincuenta del siglo XIX. En ese momento se publicó la obra, Tratados sobre el socialismo cristiano (1850) de G. Bell. También comenzó a publicarse el periódico El Socialista Cristiano.
Seguimos con los textos clásicos. Hoy le llega el turno al agua en masonería:
Un grupo fundaría el 8 de diciembre de ese año el Partido Socialista Chileno, pero que tampoco tuvo una larga existencia, ya que desapareció a finales del año siguiente de 1898. Su gran impulsor fue José Gregorio Olivares, e intentó consolidarse en Valparaíso y Concepción. Su órgano de expresión era El Martillo, donde se planteaba la socialización de los medios de producción.
El Partido había defendido en los Municipios un programa municipal basado en la municipalización de los servicios públicos, protección a los que no podían trabajar, cantinas (comedores) escolares, y agua gratuita, un tema fundamental porque en el norte de Chile el líquido elemento era un verdadero artículo de lujo.
El Partido Socialista de Chile no se fundaría hasta los años treinta, pero socialismo hubo antes, en distintas formaciones de corta existencia. Conocemos la realidad gracias al testimonio de Bozas Urrutia, al que hemos aludido para el caso uruguayo, y gracias también a un trabajo que publicó para la prensa socialista española a principios de 1912.
El Partido Socialista de Uruguay se fundó en 1910 gracias al impulso, entre otros, de Emilio Frugoni, el primer gran socialista del país. Frugoni fue un poeta, escritor, abogado y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República.
Eduardo Caballero de Puga es siempre un valor seguro como fuente. Ahora nos explica qué es una plancha para trazar en masonería:
Fieles a nuestro compromiso con las fuentes acudimos a ellas para que nos expliquen cuatro instrumentos fundamentales de un masón: la escuadra, el compás, el nivel y la plomada. Y acudimos a un sabio al que ya hemos recurrido en otra pieza, Eduardo Caballero de Puga:
Como es sabido, el socialismo español desarrolló durante una larga etapa desde su fundación hasta la Semana Trágica de 1909 una estrategia política claramente obrerista y enfrentada a las opciones políticas republicanas al considerar que los republicanos por muy avanzados que fueran en sus propuestas frente al sistema de la Restauración, representaban a la burguesía. El proletariado solamente alcanzaría su emancipación a través de un partido obrero, que era el único que podría representar sus intereses en la lucha de clases. En este sentido, y en otros trabajos, hemos contextualizado la primigenia crítica que el socialismo hizo a la masonería.
La Conferencia fascista del año 1934 fue una reunión celebrada por un grupo de políticos de distintas organizaciones políticas fascistas. Tuvo lugar en diciembre en la localidad suiza de Montreux. Fue organizada por los Comitati d’Azione per l’Universalita di Roma (CAUR).
Las ideologías de la época contemporánea, tanto el liberalismo como el socialismo, se construyeron sobre supuestos racionales; la democracia supondría el triunfo de todo este legado. La doctrina fascista rompió con la herencia racional y adoptó un acusado irracionalismo. Los fascistas desconfiaban de la razón y fomentaron el comportamiento irracional de las conductas, así como los sentimientos o manifestaciones intensas hasta la glorificación del fanatismo. Las ideas fascistas se construyeron sobre dogmas, sobre ideas indiscutibles, como pueden ser la superioridad del jefe o líder, del hombre sobre la mujer, el soldado sobre el civil, o la cuestión de las razas superiores e inferiores. Es el triunfo del tabú, de lo que hay que admitir sin discusión o análisis, del totalitarismo frente al debate libre.
En algunos partidos socialistas, destacando en este sentido el italiano, se discutió sobre si los miembros de los mismos podían ser también masones. En el caso de la SFIO francesa esta discusión tuvo lugar en el Congreso de Lyon que se celebró en 1912.
Siempre fieles a nuestro interés en aportar materiales históricos para la reflexión, y también en masonería, regresamos a la compleja cuestión de la Biblia en las logias y templos masónicos.
A principios del siglo XX tenemos que destacar la figura de S. Musah, que escribió una monumental obra en su vida.