Al-Ándalus: aproximación económica y obras públicas
En el siguiente artículo vamos a abordar el aspecto económico de Al-Ándalus y su preocupación por dotar al territorio de infraestructuras, es decir, el impulso de las obras públicas.
En el siguiente artículo vamos a abordar el aspecto económico de Al-Ándalus y su preocupación por dotar al territorio de infraestructuras, es decir, el impulso de las obras públicas.
El régimen político que duró casi todo el año 1874 en España, conocido como la Dictadura de Serrano, fue en la práctica un interin entre la Primera República y la Restauración borbónica, recogiendo parte de la deriva conservadora del final de la Primera, y que había protagonizado Castelar. Pero, ¿pudo haber durado más tiempo?
El Memorial de Greuges (agravios) fue un documento destinado al rey Alfonso XII en 1885 por representantes de entidades económicas, políticas y culturales catalanas, acogiéndose al derecho constitucional de dirigir peticiones a la Corona.
Sin lugar a dudas, Rodolfo Llopis Ferrándiz (1895-1983) ha pasado a la Historia por su intensa labor para mantener vico y activo al PSOE en el exilio y por el conflicto final con los socialistas del interior, olvidando que se trata de un personaje que merece un lugar muy destacado en la Historia de la educación en España por su compromiso con la renovación pedagógica y por su trabajo para garantizar un derecho que la Constitución de 1931 reconoció. Nos acercaremos a su intensa figura en varios trabajos. En el primero estudiaremos su vida y obra hasta el final de la Dictadura de Primo de Rivera.
En el presente artículo nos acercaremos al proyecto para fomento de la enseñanza de la agricultura que planteó Godoy a principios del siglo XIX, en plena crisis del Antiguo Régimen.
Vittorio Emanuele III nació en Nápoles en 1869. Era hijo del rey Umberto I, segundo rey de Italia y de la reina Margherita. En 1900 subió al trono, después del asesinato de su padre en Monza a causa de un atentado anarquista.
Aunque, sin lugar a dudas, fueron los romanos los grandes impulsores de las infraestructuras en Hispania, en Al-Ándalus se tuvo una especial preocupación por esta cuestión, especialmente en la etapa omeya.
José Fontana nació en el Ticinio suizo en 1840 o 1841, porque hay cierta controversia sobre la fecha, y puede ser considerado uno de los pioneros fundamentales del socialismo en Portugal. Es interesante observar que otro de los grandes impulsores socialistas lusos, como fue Azedo Gneco, también era de ascendencia italiana, sin olvidar el origen italiano de otro de los pioneros del socialismo luso, José Tedeschi.
La búsqueda de un rey en España al triunfar la Revolución Gloriosa en 1868 y proclamarse en la Constitución de 1869 que el régimen político sería una Monarquía generó en Portugal la denominada “cuestión ibérica”. Intentemos plantear algunas claves de esta cuestión que provocó tensiones en el país vecino.
En la España del siglo XIX se intentó impulsar un proceso de revolución industrial con el objetivo de transformar la vieja estructura agraria por otra nueva industrial, como en el resto de países occidentales. Pero el resultado final quedó muy lejos de lo proyectado.
Aunque Mussolini mantuvo las instituciones parlamentarias del Estado italiano hasta 1925, en realidad no funcionaban como tal desde que en 1924 tuviera lugar el asesinato de Matteotti y se produjera el abandono del Parlamento por parte de la oposición, un hecho que para algunos fue un error político porque permitió sobrevivir a Mussolini cuando crecía la contestación contra él. Lo que está claro es que fue un momento crítico para la supervivencia del régimen fascista porque no estaba claro si el rey terminaría por enfrentarse al dictador. Algunos empresarios y políticos querían que el monarca despidiese a Mussolini, pero Víctor Manuel III temía más a una posible revolución social y no dio ningún paso. Mussolini puede estar tranquilo. Entre 1924 y 1925 se produce la desaparición de los partidos políticos, la prensa es atornillada, se queman libros considerados subversivos en algunas plazas y calles, se maltrata y asesina a personajes considerados enemigos, y comienza el exilio de muchos opositores hacia Francia.
La aparición de las elecciones se asocia al liberalismo al surgir la necesidad de la representación nacional frente a la representación estamental o por sectores y corporaciones del Antiguo Régimen. En España este paso se da en las Cortes de Cádiz. La primera convocatoria electoral, con todos los problemas a los que hubo que hacer frente con el país en guerra, se produjo en enero de 1810 por parte de la Junta Central para formar Cortes. Este hecho es fundamental porque marca el inicio de la Revolución liberal en España. También se acompañó de la primera normativa electoral para elegir a los diputados. Esta disposición convocaba, junto a los diputados de las ciudades que habían enviado sus representantes a las Cortes de 1789, las últimas del Antiguo Régimen, a un diputado elegido por cada Junta provincial nacida a raíz del levantamiento contra los franceses en 1808, y a otros 208 diputados. Los requisitos para poder votar eran ser varón mayor de 25 años y contar con “casa abierta”.
En este artículo estudiamos un cargo fundamental en la organización territorial catalana desde la Edad Media hasta las reformas administrativas de Felipe V. Estamos hablando del veguer, término cuyo origen estaría en el vicarius latino.
En este artículo estudiamos las distintas corrientes no marxistas en el siglo XIX en relación con la mujer.
El campesinado en la Francia del Antiguo Régimen, como en el resto de Europa occidental, no era un grupo de población homogéneo. La Francia rural estaba compuesta por tres grandes grupos, En la cúspide se encontraban los campesinos propietarios, tanto los granjeros de posición acomodada como los propietarios medios y en la base habría una gran masa de jornaleros o braceros y los que aún padecían los rasgos de la servidumbre feudal, que no sería abolida hasta la Revolución. En medio, habría un grupo de pequeños propietarios.
En este artículo nos acercamos a las dos grandes concepciones del nacionalismo nacidas en el siglo XIX, ahora que vivimos un resurgir de esta compleja corriente ideológica y con el ánimo de aportar materiales para el debate.
En la segunda mitad del siglo XVIII comenzó en Gran Bretaña a producirse la primera fase de la transición del régimen demográfico antiguo al moderno, concepto más adecuado que el de revolución demográfico, y caracterizada por un incremento ininterrumpido del crecimiento natural de la población, basado en el mantenimiento de una alta tasa de natalidad pero, sobre todo, por una bajada clara de la tasa de mortalidad, factor diferencial claro en relación con el régimen demográfico antiguo de altas tasas de mortalidad y periódicas mortalidades catastróficas asociadas a las crisis de subsistencia. De los 5’8 millones de personas que tenía la población de Inglaterra y Gales en 1700, se pasó a 9 millones en 1801, aproximadamente.
Los cismas han sido muy importantes no sólo en el ámbito religioso sino también en la Historia en general, precisamente por el protagonismo de la Iglesia; de ahí la necesidad de conocer qué son y cuáles fueron los principales. Por cisma se entiende la separación de la Iglesia Católica de algunos miembros al negar la obediencia al papa, no reconociendo su autoridad.
El New Deal es muy conocido por el público en general como el vasto programa económico y social del presidente Roosevelt para intentar superar la profunda crisis del 29. Pero el Fair Deal es mucho menos conocido. Teniendo en cuenta su importancia en la historia de los derechos y políticas sociales conviene que le prestemos cierta atención, y en estos tiempos electorales en los Estados Unidos.
El carlismo fue un movimiento político cuyos orígenes se situarían en la época del Trienio Liberal con la Regencia de Urgell y la Guerra de los Agraviados en Cataluña, pero cuyo pleno desarrollo se produciría tras la crisis sucesoria de 1832 y la muerte del rey Fernando VII al año siguiente.
En la época de la Restauración se impuso una ideología basada en los principios de la tradición, la autoridad simbolizada y ejercida por la monarquía y la religión. Estos principios se enfrentaban a los que había introducido la Ilustración y desarrollado la Revolución francesa, como eran el cambio, el triunfo de la voluntad humana, la libertad y la razón. En la Restauración estas ideas ilustradas y liberales fueron consideradas como destructoras del orden social, al favorecer el individualismo y la competencia, así como del orden político representado por la alianza entre el trono y el altar, entre la monarquía absoluta y la Iglesia. Los ideólogos más radicales de la época, como Von Haller, llegaron a considerar al monarca como el propietario legítimo de la nación, es decir, con derecho a actuar como un autócrata sin rendir cuentas a nadie ni a ninguna institución que ejerciera algún tipo de contrapeso. La soberanía nacional se convirtió, pues, en una verdadera herejía y los parlamentos fueron considerados como mecanismos intolerables porque permitían la expresión de esa soberanía. En cuanto a la Iglesia, se restauró su poder y se suspendieron las desamortizaciones emprendidas en algunos Estados.
Alemania se convirtió después de su Unificación y en plena Segunda Revolución Industrial en una gran potencia económica. La Unificación provocó un Zollverein ampliado, Francia aportó una gran cantidad de dinero en concepto de indemnización por los perjuicios causados en la guerra, y el gobierno de Bismarck estableció una política proteccionista, clave para que la industria despegase.
A pesar de que la Década Ominosa (1823-1833) ha pasado a la Historia como el último período absolutista tenemos que ser conscientes que se plantearon algunas reformas que tendrían mucho futuro y que, por otro lado, determinaron el divorcio entre un absolutismo moderado y reformista y el más reaccionario, germen del futuro carlismo. Sobre estas cuestiones trata el presente artículo.
La sublevación de La Granja, acontecida en el 13 de agosto de 1836, fue un suceso clave en la Regencia de la Reina Gobernadora, en la minoría de edad de la reina Isabel II. Fue protagonizada por los sargentos de la Guardia Real para obligar a la regente María Cristina a jurar la Constitución de 1812, contra el gobierno de Istúriz, y terminar con el sistema político, harto conservador, del Estatuto Real de 1834.