Los orígenes del feminismo ruso

Historia

Frente a los países con regímenes liberales donde, a pesar de las enormes dificultades que tuvieron que vencer las sufragistas, feministas y los defensores de los derechos de las mujeres, la situación fue infinitamente peor para las luchadoras en aquellos que mantuvieron estructuras autoritarias, cuando no plenamente absolutistas, durante el siglo XIX. El caso ruso es el más significativo, pero, a pesar de todo, surgieron mujeres que iniciaron el camino de la lucha por la igualdad legal con los hombres. En este trabajo aportamos algunas claves del pionero fenómeno feminista en el Imperio ruso hasta las últimas décadas de dicho siglo, y antes de los avances que se produjeron a raíz de la Revolución de 1905.

 

Las ideas en defensa de los derechos de la mujer nacieron en el seno de las minorías liberales que se plantearon en algunos círculos nobiliarios, de la alta burguesía y en cenáculos literarios. Un grupo de damas consideró la necesidad de desarrollar desde varias iniciativas culturales y educativas los planteamientos feministas, y de ayuda a mujeres con dificultades, aunque en el ámbito urbano, y no en el rural, que era el más numeroso en Rusia. Así pues, la mayoría de las mujeres rusas, recién liberadas de la servidumbre, estuvieron muy lejos del radio de acción de estas primeras iniciativas.

Las pioneras feministas rusas fueron Anna Filosofova (1837-1912), Nadezhda Stásova (1822-1895) y María Trubnikova (1835-1897), nacidas en el seno de la nobleza. Si las primeras feministas norteamericanas comenzaron estando vinculadas a la lucha antiesclavista, las rusas desarrollaron un evidente empuje frente a la pobreza y las terribles condiciones de vida de los más necesitados y, especialmente, de las mujeres pobres. Anna Filosova comenzó a desarrollar una intensa sensibilidad social que le llevó a organizar suministros de alimentos y medicamentos para los pobres. En ese momento conoció a María Trubnikova, que tenía una conciencia social más desarrollada y un claro conocimiento acerca de la situación de la mujer. En este sentido, Trubnikova ayudó a que su nueva amiga comenzara a ser consciente de la situación injusta de las mujeres, en general. Por su parte, Nadezha Stásova había desarrollado una gran preocupación por la educación, que terminaría por poner en la práctica en muchas iniciativas a lo largo de su vida, en especial hacia los más desfavorecidos, y la mujer.

Nuestras tres protagonistas fundaron en 1860 una Sociedad en favor del alojamiento barato para residentes en San Petersburgo. Un objetivo prioritario era proporcionar vivienda a mujeres pobres y trabajo en negocios locales, frente al sistema de donativos de la caridad tradicional. Para ello, consiguieron hacerse con un inmueble y con una contrata con el ejército para la realización de trabajos de costura. Fue el inicio de otras Sociedades en apoyo de mujeres.

La siguiente preocupación de estas infatigables mujeres se encaminó hacia la educación, el campo favorito de Stásova, pero también de Trubnikova, que conocía a la gran reformadora británica, Josephine Buttler. El objetivo era abrir la educación superior a la mujer. En 1867 enviaron una petición al zar Alejandro II para que se abrieran las puertas a alumnas en la Universidad Estatal de San Petersburgo, pero las resistencias eran muy grandes. A lo sumo, el gobierno ruso permitió que las mujeres asistieran a conferencias de profesores universitarios, pero las clases altas no tuvieron una respuesta muy favorable hacia estos cursos informales, y terminarían por cerrarse en 1875. Nuestras protagonistas consiguieron, posteriormente, el permiso oficial para comenzar a abrir la Universidad a la mujer, a través de los Cursos Bestúzhev, una institución de educación superior para mujeres.

Por su parte, Stasova presidió la Asociación de Ayuda para las estudiantes.

Es importante destacar también la iniciativa de Stasova, Trúbnikova y Anna Engelhardt en relación con la creación en 1863 de la primera cooperativa de edición de mujeres rusas.

Anna Filosofova comenzó a adquirir un mayor protagonismo a finales de la década de los setenta. En 1879 tuvo que exiliarse por su apoyo a organizaciones calificadas de revolucionarias, y no pudo regresar hasta 1881. El asesinato del zar y su radicalización le impidieron encontrar apoyos entre miembros de su clase para sus proyectos sociales, provocando que la década de los ochenta fuera la menos intensa. Pero a finales de la misma regresó a sus empresas sociales y educativas. En 1892 se unió al Comité dedicado a la promoción de la alfabetización en San Petersburgo. Tres años después creó una organización que podemos calificar de feminista, aunque llevara el título de Caridad, pero eso se hizo así para evitar la persecución de las autoridades, en plena vorágine represora. En paralelo continuó luchando para que las mujeres accediesen a la Universidad, y, por fin, después de algunas iniciativas, se logró en 1905. Anteriormente, en 1899 sería reconocida por las feministas internacionales al ser elegida presidenta del Consejo Internacional de Mujeres. Este Consejo había sido creado en 1888 para coordinar e impulsar el trabajo en favor de los derechos de la mujer en el mundo, siendo fundado, entre otras destacadas líderes, por Susan B. Anthony y Frances Willard.

Filosofova todavía protagonizaría la lucha de las mujeres en la última fase de su vida a partir de la Revolución de 1905, cuestión que trataremos en otro trabajo.

La página “Mujeres en la Historia” dedica uno de sus artículos a Anna Filosofova. También podemos acudir en la red al Biographical Dictionary of Women’s movements and feminisms. Central, Eastern and South Eastern Europe. 19th and 20th centuries.

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