Los primeros propósitos del Gobierno de Negrín en mayo de 1937

Historia

La primera reunión del recién nombrado Gobierno de Negrín el 17 de mayo de 1937, efectuada en Valencia, se dedicó por parte del presidente a informar a los ministros sobre el proceso que llevó a constituir dicho Gobierno, y para explicarles las líneas generales del programa ministerial, trazando un plan de trabajo. Como el Ejecutivo estaba formado por un reducido número de ministros (Estado: José Giral, Defensa Nacional: Indalecio Prieto, Justicia: Manuel de Irujo, Gobernación: Julián Zugazagoitia, Instrucción Pública y Sanidad: Jesús Hernández, Agricultura: Vicente Uribe, Obras Públicas y Comunicaciones: Giner de los Ríos, y Trabajo y Asistencia Social: Jaime Ayguadé) se suprimiría el Consejo Superior de Guerra, actuando como tal el Gobierno en pleno.

 

El Gobierno aprobó una nota con el anticipo del programa en ocho puntos. En primer lugar, el Gobierno se consideraba “genuino representante” de la totalidad de los partidos políticos unidos en el objetivo de dominar la rebelión, asegurar la libertad del pueblo y mantener la independencia de España. Aunque se lamentaba de no haber podido incorporar al mismo a representantes de las organizaciones sindicales, esperando que rectificasen su actitud para que pudieran prestar la colaboración que se había rehusado. El ejecutivo consideraba que su misión principal era conducir a las masas populares al triunfo sobre las fuerzas facciosas e invasoras, consagrándose a tal tarea sin vacilaciones ni tibieza, ya que la paz no llegaría a España mientras la rebelión no fuese completamente aplastada. Pero para esa victoria se consideraba imprescindible el orden en la retaguardia, por lo que se comprometía a mantenerlo de forma inflexible sin consentir, al amparo de la guerra, que se cometiesen desmanes, sin justificaciones ideológicas algunas, ni que pudieran ser amparadas por ninguna organización.

El Gobierno, como hemos expresado más arriba, estaba preocupado por la unificación de las funciones directivas de la guerra, aunque también por la unidad de la política económica, porque era necesario asegurar recursos para sostener la guerra y la democracia. En este sentido democrático, el Gobierno se comprometía a estar en permanente contacto con el Parlamento, ante el cual se debía presentar en una fecha inmediata. En el ámbito internacional, el Gobierno afirmaba que seguiría la línea del anterior, reiterando su protesta contra las restricciones que el Pacto de No Agresión suponía para los derechos de dicho Gobierno, calificado de legítimo. El último punto era un homenaje a los que habían dado su vida, a los combatientes y a los que trabajaban en la retaguardia.

Hemos consultado el número 8465 de El Socialista, de 18 de mayo de 1937.

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