Sobre el supuesto origen bíblico de la masonería
El origen de la masonería es un tema de especial controversia, aunque la historiografía ha ido desechando las teorías e interpretaciones fantasiosas del pasado.
Las investigaciones rigurosas han permitido superar ya la fase de los mitos y leyendas. En todo caso, siempre existe el problema de las fuentes, y también de cómo se interpretan.
Vamos a intentar en unos artículos tratar de este particular.
Existiría una teoría que plantea un origen bíblico, a través de las famosas Constituciones de Anderson, redactadas por el pastor presbiteriano escocés James Anderson y el exiliado francés Jean Théophile Désaguiliers, en el año 1723. En el inicio de las Constituciones se habla de que «Adán, nuestro primer Padre, creado a imagen de dios, el Gran Arquitecto del Universo, debió tener escritas en su corazón las Ciencias liberales, particularmente la Geometría…». Y de allí, seguiría una línea que pasaría por los descendientes de Adán, aludiendo, por ejemplo, a que Noé y sus tres hijos habían sido «verdaderos masones», que después del diluvio conservaron y transmitieron a sus descendientes las tradiciones y artes. El texto alude también a los caldeos y los magos, a los egipcios y, especialmente, a los israelitas para pasar a la civilización grecolatina, y de ahí a la Europa medieval hasta el momento en el que se editaron las Constituciones.