La expansión mediterránea de la Corona de Aragón
Desde fines del siglo XIII hasta mediados del siglo XV, los reyes aragoneses emprendieron una ambiciosa política expansiva por el Mediterráneo, comenzando con Pedro III.
Con distinto grado de dificultad, especialmente ante los intereses franceses y del papado, se incorporaron a la Corona de Aragón una serie de importantes territorios. En 1282, Sicilia se sublevó contra Carlos de Anjou –las “Vísperas Sicilianas”-, recibiendo la ayuda de Pedro III de Aragón, cuyas tropas desembarcaron en la isla en 1283. Francia y la Corona aragonesa ya llevaban un tiempo enfrentadas por el Rosellón y la Cerdaña y ahora dicha rivalidad saltaba al mar Mediterráneo. Pero la cuestión siciliana se complicó cuando Jaime II firmó el Tratado de Anagni, por el que se concertaba el matrimonio del rey con Blanca de Anjou, renunciando el monarca aragonés al control de la isla, presionado por la reconciliación entre Francia y el papado. Los sicilianos se manifestaron contra este acuerdo y proclamaron como rey a Federico de Aragón, que inició una dinastía propia emparentada con la aragonesa hasta que Sicilia se incorporase a la Corona de Aragón claramente en 1504 en tiempos de Fernando el Católico en el Tratado de Lyon, que pondría fin a la Segunda Guerra de Italia.
Cerdeña también se enfrentó a Francia. En 1323 fue conquistada por los aragoneses. Por su parte, Córcega quedó en manos francesas. En 1443, Alfonso V el Magnánimo conquistó Nápoles, donde instaló su corte. Durante un breve período de tiempo se llegaron a conquistar territorios más alejados: los ducados de Atenas (1379-1388), y Neopatria (1379-1391).
Estos ducados fueron conquistados por tropas mercenarias catalanas, los almogávares (“los que entran en tierra enemiga”, en árabe), que habían acudido a la zona para ayudar al emperador bizantino contra los turcos, al mando de Roger de Flor. La conquista fue el resultado del enfrentamiento que, al final, tuvo el emperador bizantino con los almogávares. Desconfiando de los triunfos rápidos de estas tropas frente a los turcos, ordenó que se asesinara a Roger de Flor. La muerte de Roger de Flor y de cien almogávares de la Gran Compañía Catalana provocó la conocida como “venganza catalana”.