La protoindustrialización europea

Historia

En el siglo XVIII, además de los gremios y las manufacturas reales, existía una tercera vía para la elaboración de productos textiles, vinculada al mundo rural. Estamos hablando de la protoindustrialización, que nació en Inglaterra y en Flandes.

Muchas familias campesinas hilaban y tejían con instrumentos sencillos –ruecas y telares manuales-, consiguiendo unos ingresos complementarios a los obtenidos por sus actividades agropecuarias. Este hecho fue un factor clave en la mejora de las condiciones de vida en el campo en las zonas donde se produjo, incidiendo en el crecimiento demográfico que tuvo lugar en el siglo XVIII.

La industria rural comenzó por abastecer parte de las necesidades locales, pero el fenómeno terminó por generar excedentes que podían ser vendidos en mercados mayores. El éxito de la protoindustrialización hizo que se extendiese por otras áreas europeas que luego, en general, coincidieron con las que protagonizaron los procesos de industrialización. Estaríamos hablando de Holanda, algunos estados alemanes, el norte de Italia y Cataluña.

La industria rural o protoindustrialización tuvo dos fases. En una primera etapa, conocida como domestic system, hablaríamos de un proceso autónomo, protagonizado por los campesinos, y por ello reducido, ya que solamente tenía lugar en las épocas en las que no había tareas agrícolas absorbentes, como eran la siembra y la recolección. Los campesinos, dueños de las herramientas, hilaban y tejían. Terminados los productos, acudían al mercado local para venderlos a los comerciantes, negociando un precio.

La segunda fase es conocida con la expresión putting out system y supuso una variante importante del sistema doméstico primigenio. El campesino perdió su autonomía, que le permitía decidir cómo y cuánto producir. Ahora sería el comerciante, antes un mero comprador, quien dirigiría todo el proceso productivo. En primer lugar, suministraba las materias primas. Es en esta fase cuando comenzó a introducirse el algodón en Inglaterra, y que solamente podían suministrarlo los comerciantes por sus contactos exteriores, y por las razones que vimos en el artículo aludido. En segundo lugar, el comerciante distribuía entre las familias campesinas las herramientas e instrumentos de hilar y tejer. Y, en último lugar, fijaba los precios de los productos elaborados. Así pues, cambió el carácter de la remuneración de los campesinos. Del dinero que recibían por el precio pasaron a percibir una especie de salario, que era fijado por la parte fuerte del sistema, es decir, por el comerciante.

Los problemas y contradicciones del putting out system tenían que ver con la dispersión, tanto a la hora de suministrar las materias primas y herramientas, como para controlar la producción de las familias. El sistema fabril terminaría con este problema.

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