Brunete. El nacimiento del Ejército Popular, de Juan Barceló

Historia

“La marcha comenzó al anochecer. A las diez. Los días eran largos, secos y muy calurosos, las noches breves. A ninguna hora refrescaba. El terreno era duro y el camino corto pero difícil..”

En una cuidadísima publicación de Ediciones del Viento, Juan Barceló nos ofrece su visión de una de las luchas más intensas de la Guerra Civil, la batalla de Brunete del verano de 1937, y donde, a pesar de la terrible sangría humana que supuso para los dos bandos, demostró al mundo que la maltrecha República, abandonada por casi todos, había puesto en pie una fuerza de combate, el Ejército Popular, que el autor nos explica en las dos primeras partes del libro, las tituladas, respectivamente, “El Ejército del Pueblo” y “Un años después”. En la tercera parte, con el significativo nombre de “Dies Irae” nos relata la Batalla en sí, para, por fin, ofrecernos un anexo documental de materiales específicos del Archivo del General Rojo, aunque también aparecen otros testimonios. El libro lleva por título Brunete. El nacimiento del Ejército Popular.

Estamos hablando de un libro de Historia heterodoxo, de un apasionado escritor, historiador y periodista que ha dedicado mucho tiempo a investigar sobre expediciones y viajes de personajes históricos fundamentales, aunque de un tiempo a esta parte vive comprometido con el pasado contemporáneo de nuestro país, la Guerra Civil, el exilio y la resistencia contra el franquismo, aunque realmente, por lo que sabemos, siempre lo estuvo. Barceló no es equidistante, afortunadamente, añadiríamos. En estos tiempos de falsas objetividades, que, como siempre, esconden posturas claras de un determinado signo, Barceló es un heredero, pero también, protagonista de esa España que perdió, pero que no se resignó, y siguió luchando de mil maneras contra el espanto que sacudió este país durante largos decenios. Estamos ante un escrito vibrante, lleno de ilusión, aunque también con la amargura por lo que pasó, pero no estamos ante un panfleto ni tenemos entre nuestras manos un libro lleno de consignas, porque Juan Barceló no manipula las fuentes, ni emplea las que desea, olvidando otras, interpreta los hechos, mientras nosotros conservamos nuestra libertad de estar o no de acuerdo con su visión. Por eso, este libro es una nueva lección de lo que muchos defendemos, y nos enseñaron algunos que ya no están, como Fontana, en relación al estudio del pasado no sólo como herramienta para entender el presente, sino para fundamentar un proyecto que nos permita construir un futuro distinto. Ese es el compromiso de los historiadores con responsabilidad social, no como garantes de la supuesta y fría objetividad en nuestros despachos forrados de papeles y libros, que pueden llenarse de polvo que sepulten el verdadero sentido de nuestro oficio.

El libro puede asustar a los timoratos, a los que no pueden leer más que un puñado de páginas en este mundo de lo inmediato, pero es un relato vivo, casi nos permite convertirnos en espectadores y, seguramente, algunos hasta en actores, entre milicianos, brigadistas, médicos, soldados, y hasta oficiales de carrera, más de lo que tradicionalmente nos han contado, de lo que no muy lejos de Madrid se estaba ventilando, casi ayer mismo.

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