El sindicalismo socialista y la intervención en los claustros de las Escuelas de Artes y Oficios en 1910

Historia

El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes dio un Real Decreto el 8 de junio de 1910, siendo ministro Canalejas, muy importante en la Historia de la formación profesional porque disponía que la enseñanza que en ese momento se daba en las Escuelas elementales de Industrias, Superiores de Industrias, Superiores de Artes Industriales y Elementales de Artes Industriales, se dividiera en lo sucesivo en dos grados, uno elemental y otro superior, que constituirán, respectivamente, la primera y la segunda enseñanza técnica. Pues bien, se establecía que en cada Escuela de Artes y Oficios existieran talleres de diversas profesiones en relación con la localidad en la que estaban situadas. Para crear un taller era necesario ser propuesto por el director de la Escuela, una agrupación gremial de obreros o patronos, o una corporación científica. Interesa destacar que esas agrupaciones de obreros y patronos del oficio correspondiente al taller tendrían que elaborar un informe para que el Ministerio autorizase o no la apertura del mismo.

En el caso de ser autorizado el taller se debía pedir a las sociedades obreras y patronales que nombrasen un representante obrero y otro patrono para convertirse en vocales accidentales de la Junta de Profesores (claustro) de la Escuela correspondiente. Estos vocales solamente tendrían voz y voto cuando se tratasen asuntos relativos a la enseñanza de sus oficios.

Pues bien, esta intervención obrera interesó al sindicalismo socialista. El periódico obrero El Socialista se hizo eco de esta disposición del Real Decreto considerando que dicha concesión importaba al proletariado y convenía consolidarla.

Se estimaba que la cultura obrera estaba de enhorabuena si no se hacía dejación de dicho derecho. Por eso se animaba a que las Sociedades Obreras se reuniesen en junta general, en los casos estimados, para nombrar al compañero que debía actuar como vocal accidental, con comunicación inmediata al director de la Escuela correspondiente, para que pudiera asistir al Claustro cuando fuera convocado y pudiera tomar posesión de su cargo.

Había que consolidar, como avanzamos anteriormente, este derecho para lograr que en todas las Escuelas estuvieran representados los obreros, en línea con la idea ugetista de participar en las instituciones y organismos que tuvieran que ver con el mundo laboral. Pero, además, al parecer, en este caso concreto la creación de estos vocales accidentales no había sido muy bien vista por los profesores de las Escuelas porque consideraban que era una intrusión improcedente, intentando que se anulase. Aunque se consideraba que Canalejas no opinaba así, incumbía realmente al proletariado defender este derecho calificado de democrático.

Actuando los obreros como vocales accidentales en los Claustros de unos centros considerados genuinamente obreros, se pensaba que se podrían corregir muchas de las deficiencias que los sindicalistas observaban en las Escuelas.

Hemos trabajado con el número 1275 de 19 de agosto de 1910. Por otro lado, podemos consultar en la red el trabajo de Begoña Sabio, “Las escuelas de arte a través de la Historia”, en Paperback, nº 1 (diciembre de 2005), págs. 1 y ss. Sobre las Escuelas de Artes y Oficios en España tenemos también la red el trabajo de Ana Montero Pedrera, “Origen y desarrollo de las Escuelas de Artes y Oficios en España”, en Historia de la Educación, vol. 17 (1998), págs. 319 y ss.

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