La militancia femenina laborista hacia 1920

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En nuestro interés por profundizar tanto en la Historia del laborismo británico como en la de las mujeres socialistas en las primeras décadas del siglo XX nos acercamos a la realidad de las laboristas a la altura de 1920 gracias a un material no empleado hasta ahora, la crónica que envió desde el Reino Unido Archibald Fenner Brockway a El Socialista en mayo de ese año, dentro de una sección que dedicó en esa época el diario obrero español para divulgar la realidad política y socialista en el mundo.

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La manifestación femenina por los alquileres en Madrid en 1920

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Las huelgas de inquilinos surgieron a principios del siglo XX en diversas ciudades españolas, aunque, al parecer ya en 1883 en un Congreso de trabajadores de Valencia se llegó al acuerdo de promover este tipo de huelgas para que los propietarios bajaran los alquileres. En los inicios del nuevo siglo aparecen en la prensa y en distintos congresos obreros llamamientos para organizarse con el fin de que se rebajasen los precios de los alquileres. En Barcelona se creó la “Sociedad de inquilinos la Unión”. Dicha organización animaba a los obreros a unirse en todo el país para el fin propuesto, para evitar los desahucios y proponiendo la huelga de inquilinos para conseguirlo. El impago masivo de alquileres se podía convertir en un arma eficaz. Tenemos que recordar que la mayoría de la población española vivía en régimen de alquiler. El acceso a la propiedad es un fenómeno relativamente reciente de nuestra Historia contemporánea. Las primeras huelgas de inquilinos se desarrollaron en Baracaldo y Sestao en 1905, donde se llegó a paralizar la vida en esta importante zona industrial. En 1919 destacó la huelga de inquilinos de Sevilla. Ya en los años treinta se dieron grandes huelgas en Barcelona y Tenerife.

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El ingreso de cuatro intelectuales en el PSOE en los inicios de 1920

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La cuestión de los intelectuales y el PSOE suscitó cierto debate que recogieron las páginas de El Socialista. En un primer momento, siguiendo muy rigurosamente el obrerismo inicial del Partido, el intelectual no era una figura muy valorada positivamente. En esos inicios, el socialismo español estaba formado por una gran mayoría de obreros autodidactas, aunque con una clara conciencia de clase, muy activos, que defendían que la clase trabajadora debía ser la protagonista de su emancipación, alejándose de las fuerzas republicanas progresistas, que habían fracasado en el Sexenio Democrático y que, sobre todo, a fin de cuentas, estaban formadas por miembros de la burguesía. Ese obrerismo, por lo tanto, no veía con buenos ojos a los intelectuales, que dedicaban, como apunta Javier Paniagua, mucho tiempo a estudiar, pensar, analizar y publicar. Para poder estudiar en la España de fines del siglo XIX había que disponer de unos medios de los que carecían los trabajadores, por lo que los intelectuales eran asociados a la burguesía, aunque defendiesen ideas muy radicales. Esos intelectuales no podían entender, en el pensamiento de estos obreros cualificados, lo que era la vida en un taller o una fábrica. En todo caso, intelectuales tuvo el PSOE en sus primeras horas, y avanzando el siglo XX llegarían figuras de renombre en varias generaciones. En ese contexto nos acercamos al caso que aquí nos ocupa.

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