Motines del Antiguo Régimen: el motín del pan en Córdoba

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El motín del pan o del hambre aconteció en Córdoba en 1652 y obedeció a las características propias de un motín de la época preindustrial. La ciudad andaluza sufrió una grave epidemia de peste entre 1649 y 1650, para luego asistir a un incremento sustancial de los precios de los cereales por las malas cosechas. La situación era tan delicada que estalló un motín el 6 de mayo de 1652 a partir de un hecho que desencadenaría la violencia, la muerte de un niño del Barrio de San Lorenzo a causa del hambre. Su madre recorrió las calles gritando, provocando una rápida movilización de otras mujeres que increparían a los hombres para iniciar la protesta. Es importante destacar cómo estos motines solían estallar en la primavera cuando escaseaba ya el trigo, en víspera de la siega del comienzo del verano. Los precios subían considerablemente, y más si había habido mala cosecha. Por otro lado, debe tenerse en cuenta también el papel de las mujeres en este tipo de revueltas, al ser las que más conocían las consecuencias de las subidas de precios.

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El campesinado francés en el siglo XVIII

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El campesinado en la Francia del Antiguo Régimen, como en el resto de Europa occidental, no era un grupo de población homogéneo. La Francia rural estaba compuesta por tres grandes grupos, En la cúspide se encontraban los campesinos propietarios, tanto los granjeros de posición acomodada como los propietarios medios y en la base habría una gran masa de jornaleros o braceros y los que aún padecían los rasgos de la servidumbre feudal, que no sería abolida hasta la Revolución. En medio, habría un grupo de pequeños propietarios.

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Antonio Regàs, ingeniero en la crisis del Antiguo Régimen

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Antonio Regàs Borrell i Berenguer nació en Mataró en 1750 o 1752, porque hay alguna controversia sobre su fecha de nacimiento. Tampoco está muy clara la fecha de su fallecimiento, quizás en 1836 o 1837. Estudió en los Escolapios de su ciudad natal y luego en Barcelona se dedicó a las matemáticas. En 1772 pasó a Zaragoza, dedicándose a la mejora del arte de la seda. En este campo inventó y elaboró tornos para hilar que merecieron el aplauso de la Junta de Comercio. Gracias a su éxito se expandieron por Cataluña, Aragón, Valencia y La Rioja. Existen unas Memorias (manuscritas) de Francisco Javier Lozano y Antonio Regás manifestando que el primero consiguió el premio otorgado por la Sociedad con seda hilada en el torno inventado por Regás y no siguiendo el método llamado de Vaucanson, de 1819. En Zaragoza también ideó y presentó a la Real Sociedad Aragonesa una máquina para aserrar piedra, que mereció un premio.

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