Los dos mundos, de Pi i Margall

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En el Textos Obreros de hoy queremos hacer un ejercicio con Pi i Margall, fundamental intelectual y político republicano, que escribió un breve apunte titulado, “Los dos mundos”, y que Vida Socialista publicó en mayo de 1911.

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Texto de homenaje a Jaurès contra la guerra (1932)

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En El Obrero hemos estudiado de forma intensa a Jaurès, tanto como uno de los constructores de la unión socialista, harto complicada, en Francia, culminada con la fundación de la SFIO, como, sobre todo, como uno de los más importantes protagonistas en la Segunda Internacional contra la guerra, siendo víctima, precisamente, del fanatismo de los que defendían la misma en 1914. Hemos estudiado, además, cómo el socialismo europeo siempre tuvo al francés dentro de su memoria recordando su magisterio en cada aniversario de su asesinato y, en este sentido, el socialismo español se destacó con artículos en prensa y en actos de homenaje. En el suplemento dedicado en El Socialista a combatir la guerra en agosto de 1932 se incluyó una gran foto de Jaurès con un breve texto que, en estos momentos de guerra en Ucrania, deseamos recuperar para recordar a un personaje que dedicó su vida a combatir la guerra, y por ella, sin entrar en combate, la perdió.

El texto:

“Jaurès fue el primero y el mejor héroe que produjo guerra. Junto a él palidecen las hazañas de los héroes militares, que, cuando más, se alzaron contra 'os ejércitos "enemigos». Jaurès se alzó contra un mundo. Y fué vencido. Pero tuvo el valor de ir a la muerte defendiendo lo justicia. Los otros, los que pelearon en los campos de batalla, lo hicieron confundidos por las sombras que se apoderaron de sus cerebros. Jaurès, no. Jaurès combatió llena de luz su mente, aconsejado por la clarividencia. Se opuso a la guerra con los brazos en alto, como buscando una fuerza superior que detuviera a los hombres enfebrecidos por el error. Aquella fuerza no la tenía él, que ni siquiera pudo paralizar la mano casi adolescente de un loco. Fué Jaurès el primer muerto civil de la guerra. Era un gigante y le abatió un cualquiera, un Villain quien quiso matarle. La Libertad y la Paz necesitaban su héroe. Desde el asesinato de Jaurès, lo tienen. Ahora, que la figura bondadosa y humana de Jaurès contribuya a acaben los héroes de la guerra.”

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Cuando comienza abril: la memoria

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Siempre he deseado que llegue abril porque siempre marzo ha sido un mes lleno de problemas y hasta de desgracias personales, como si uno hubiera padecido su particular “idus” en dicho mes. Abril, en cambio, es un mes que me anima por muchas razones, por la lluvia, el sol, por la mezcla del frío que se niega a irse con el calor que intenta imponerse, por las flores, en fin, por la primavera ya triunfante, y hasta porque una hermana vino al mundo en un día de abril que permanece en mi memoria con nitidez, y en la de toda la familia porque me he pasado la vida repitiendo aquella experiencia. Y, por fin, porque está el 14 de abril.

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El manifiesto socialista de junio de 1898 contra la guerra con Estados Unidos

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El 26 de junio de 1898 se publicó un Manifiesto por parte del Comité Nacional del Partido Socialista contra la guerra con los Estados Unidos, que recordamos en este artículo. Los socialistas querían que la contienda se terminara de inmediato porque repercutía de forma terrible sobre la clase obrera española en todos los ámbitos, en el trabajo, en su economía y, sobre todo, porque las víctimas eran trabajadores.

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Comaposada y las tristezas de la guerra

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El veterano socialista catalán Josep Comaposada escribió diversos artículos contra la Gran Guerra en los primeros meses de la misma. En el número del 24 de septiembre de 1914 de El Socialista habló de las tristezas de la guerra. En este contexto actual de guerra en Ucrania recuperamos en esta glosa su artículo.

En Europa se estaba desarrollando la tragedia más bárbara de su Historia, afirmaba contundente el autor, teniendo en cuenta, por nuestra parte, que la contienda acababa de comenzar y que todavía no se había llegado al culmen de los horrores de la guerra de trincheras, de las carnicerías para conquistar unos pocos metros en el frente, y para perderlos al día siguiente, ni la llegada de los gases tóxicos.

Comaposada se preguntaba cómo en esos momentos se podían celebrar fiestas, si en esos comportamientos había algo de humano. El no pedía que se suspendiera el normal desarrollo de las vidas, que se cerraran los teatros, que se llevara un luto riguroso o que se prohibiera la risa, pero parecían intolerables los festejos extraordinarios.

Esas celebraciones especiales parecían un desafío a la miseria, a los horrores que padecían millares de personas en el frente.

Sin duda, Comaposada destilaba una enorme tristeza, unida con la indignación, por lo que veía. No podían tolerarse esas expansiones en una Europa que era una charca de sangre, o mientras reinaba la miseria en España, una pobreza que se iban extendiendo por todo el país.

La lectura de las noticias que llegaban de la guerra producían indignación en Comaposada. En ese momento, a los desastres producidos en los monumentos de Lovaina, de Terlemon y otras ciudades belgas, se unía el incendio de la catedral de Reims. Pensaba que después de la protesta internacional por lo ocurrido en Lovaina no iba a volver a cometerse otro atentado contra el arte, pero ahí estaba el cañoneo lento, durante varios días, como si obedeciera a un plan previo, de la catedral de Reims. Era el “salvaje placer” por destruir porque la catedral no tenía ningún valor militar.

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