El ocio desde una perspectiva socialista
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Francisco Núñez Tomás, al que hemos acudido en muchas ocasiones, y hoy queremos hacerlo en relación con el ocio.
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Francisco Núñez Tomás, al que hemos acudido en muchas ocasiones, y hoy queremos hacerlo en relación con el ocio.
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Para el marxismo los hombres no actúan aislados sino en grupos sociales que condicionan a los individuos. Como la sociedad está organizada en relaciones de producción, la función del individuo viene definida por la división del trabajo. Así pues, los que se encontraban en las mismas condiciones formaban una clase. Las clases serían grupos sociales que ocupaban un lugar determinado en el proceso de producción. Unos eran propietarios y otros no. Las clases surgían cuando lo hacía la propiedad privada y la historia era, por tanto, la lucha entre propietarios y no propietarios, entre opresores y oprimidos. La conciencia de clase se convirtió en uno de los puntos más importantes en la lucha para destruir el capitalismo. Los obreros debían ser conscientes de la clase a la que pertenecían en la lucha por su emancipación, en la que ellos debían ser los protagonistas, no como aliados o guiados por otros. Esta idea sería fundamental en la lucha que emprendieron los partidos socialistas cuando se crearon de convencer a la clase trabajadora de que no podían esperar nada de “partidos avanzados” por muy progresistas que apareciesen, ya que eran formaciones de la burguesía.
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La cuestión de la relación entre el trabajado manual y el trabajador intelectual en el seno del movimiento obrero socialista español necesita un trabajo monográfico porque generó un intensísimo debate entre el siglo XIX y XX. ¿Eran los intelectuales trabajadores como los obreros y, por lo tanto, explotados y, en consecuencia, debían desarrollar la conciencia de clase con los trabajadores manuales en la lucha sindical y política?, ¿los intelectuales entendían la cuestión obrera o desarrollaban un cierto paternalismo a pesar de que pudieran desarrollar ideologías digamos “progresistas”?, ¿desconfiaban los trabajadores manuales de los intelectuales porque sus tareas no eran, en principio, tan duras como las que se desarrollaban en fábricas, talleres, campos o minas?, y así se podrían plantear muchas más preguntas. Es evidente que, al final, muchos intelectuales en España ingresaron en las filas socialistas y aportaron su saber y sus análisis.
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Errico Malatesta (1853-1932) se destacó por combinar el pensamiento con la acción. Escribió panfletos muy destacados, como Fra Contadini (Entre campesinos), L’Anarchia (La Anarquía) y Al Caffé (En el café). Su difusión fue muy amplia con muchas reimpresiones y traducciones. Escribió incontables artículos en la prensa anarquista del mundo entero, además de en los periódicos que editó en Italia, Argentina, Estados Unidos y en el Reino Unido.
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Rafael Urbano García fue un madrileño, periodista y escritor, colaborador en Vida Socialista y Conciencia Obrera. Cuando El Socialista pasó a ser diario entró como redactor del mismo en 1913. Al año siguiente fue director de “Fabio”. Perteneció a la Escuela Nueva y al Ateneo madrileño. Trabajó en el Ministerio de Fomento y en La Opinión a comienzos de los años veinte. Por otro lado, Urbano es muy conocido como teósofo y ocultista, además de helenista y traductor. Entre sus obras nos interesa destacar Historia del socialismo, parte antigua, la conquista utópica (1903). Murió en 1924.
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En vísperas de la inauguración de la Casa del Pueblo de Madrid en la calle del Piamonte, el destacado sindicalista y socialista Mariano García Cortés realizó una reflexión sobre los avances de los trabajadores en Madrid hasta el momento en El Socialismo, en su número del 10 de noviembre de 1908.
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En muchas ocasiones recurrimos a Rafael Martínez porque fue un lúcido socialista preocupado por la educación.
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Las ideas principales de Lenin se encuentran en dos obras, El imperialismo, estadio supremo del capitalismo (1916), y El Estado y la Revolución (1917). Lenin realizó una adaptación del marxismo a la realidad que le tocó vivir en Rusia. Las ideas de Marx se habrían elaborado en unas circunstancias históricas concretas que eran las de la Europa occidental de la primera Revolución Industrial, donde eran más determinantes los aspectos industriales que los financieros en la economía. En la obra del imperialismo Lenin consideraba que el capitalismo había pasado de una etapa casi exclusivamente industrial a otra financiera, por lo que a la lucha de clases se habría añadido la lucha política entre los Estados por las materias primas, las colonias y el mercado. Si Marx había planteado las contradicciones del capitalismo en su época, Lenin lo hacía en la suya, en la del triunfo de la Segunda Revolución Industrial, la de la escala mundial. Por eso, pensó que debía modificar algunas de las teorías del primero.