Irlanda en el siglo XIX

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El panorama general en Irlanda al comenzar el siglo XIX era el siguiente: fin de su autonomía, ya que desde el comienzo del siglo estaba unida a Gran Bretaña, perdiendo su parlamento, con una Iglesia Anglicana como la única oficial a la que los católicos irlandeses debían sostener pagando una especie de diezmo, una estructura de la propiedad de la tierra favorable a la aristocracia inglesa, y el norte (Ulster) con una fuerte presencia de colonos británicos y protestantes.

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El deber de crear sociedades de resistencia a finales del siglo XIX

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El movimiento obrero de signo socialista planteaba la doble lucha, la política, asignada a los partidos obreros, y la sindical, liderada por las sociedades de resistencia u obreras. El socialismo español lo tenía muy claro como defendió en muchas ocasiones el propio Pablo Iglesias. El primer Congreso del PSOE, celebrado en el verano de 1888 en Barcelona, resolvió que el Partido Socialista debía fomentar en cuanto le fuera posible el movimiento de resistencia y apoyaría con todas sus fuerzas las batallas que librasen las organizaciones obreras con la patronal.

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La propaganda socialista a fines del XIX

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En distintas ocasiones hemos estudiado cómo desde El Socialista se hacía pedagogía acerca de la forma en la que había que organizar una agrupación socialista, ser un buen militante y buen orador, así como sobre las obligaciones de todo buen socialista, etc. Pues bien, en esta nueva entrega estudiamos la importancia que daba la organización socialista a la propaganda, y de los procedimientos para realizarla con éxito.

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El movimiento obrero socialista y las consideradas provocaciones patronales a fines del XIX

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El Socialista informaba a primeros de junio de 1899 de que la huelga de los trabajadores del gas de Madrid había terminado con el triunfo de la Compañía. Dicha huelga habría sido provocada -siempre según la publicación- por dicha empresa para destruir la sociedad obrera de resistencia, por lo que se opinaba que los trabajadores tenían que haberla rehuido, pero que no lo habían hecho dominados por la indignación que les había provocado la toma de una medida considerada injusta. El periódico socialista consideraba que había que aprender a no aceptar una lucha que no se podía ganar, en consonancia con la doctrina tanto de la UGT como del PSOE sobre las huelgas, ya que perjudicaban a la organización, valor fundamental para el movimiento obrero de signo socialista, como hemos tenido oportunidad de estudiar en muchas ocasiones.

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Mutualismo masónico a finales del siglo XIX

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En un anterior artículo nos acercamos a una de las dimensiones masónicas de la fraternidad, la de la solidaridad y ayuda que los masones prestan a otros masones en trances complicados de la vida, y estudiamos el caso de la atención a familiares de masones que fallecían, desarrollada por el Gran Oriente Español en 1889. Queremos seguir profundizando en este tema, recordando otras iniciativas, pero no relacionadas con la muerte y las familias, sino con las enfermedades de los propios masones.

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El radicalismo europeo a caballo entre el XIX y el XX

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En el seno del conjunto de fuerzas políticas del último cuarto del siglo XIX y comienzos del XX hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial destacarán los radicales al conectar con sectores sociales y de opinión que no se veían representados en los asentados Estados liberales, a pesar de haber contribuido a derribar definitivamente el Antiguo Régimen en el largo ciclo revolucionario anterior.

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El Partido Radical del siglo XIX

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El primer Partido Radical en España surgió en el año 1869 después del asesinato de Prim, en los inicios del reinado de Amadeo de Saboya. Unió a los progresistas, a los radicales del fallecido general y político catalán, y a los demócratas, entre los que destacaban Nicolás María Rivero, Cristino Martos y Becerra. Estos últimos eran conocidos como los “cimbrios”, y constituían la minoría de los demócratas que no se había decantado claramente por el republicanismo, siendo más partidarios del accidentalismo político, ya que lo que primaba para ellos era el reconocimiento del sufragio universal y de los derechos, por lo que no tuvieron inconveniente en aceptar la Monarquía establecida en la Constitución de 1869, frente a la mayoría de los demócratas, que era abiertamente republicana. El líder del nuevo partido era Manuel Ruiz Zorrilla.

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