La búsqueda de fosas en el ámbito británico y el caso español

Memoria histórica

La derecha española y una parte de la opinión pública española consideran que con la aprobación por las Cortes españolas de la Ley de Memoria Histórica, se ha promocionado una especie de manía por las fosas comunes, obviando que la preocupación por las mismas existe desde muchísimo antes, aunque sin la proyección mediática de los últimos años. A pesar de que esta cuestión no salía en los medios, miles de españoles pensaban en sus muertos en las fosas, sin olvidar que ya había antes asociaciones de memoria histórica. Que no se salga en los medios no significa que el problema no existiera. Lo que molesta es la publicidad que alborota y despierta la mala conciencia.

Esta postura defiende el olvido sobre el atroz pasado de nuestro país pensando que una democracia puede vivir perfectamente sobre tantas fosas comunes repartidas por toda la geografía. Al horror de la muerte violenta se une la ignominia del olvido. No cabe duda que esta postura tiene una clara intención política, aunque no podemos descartar que, también se nutra de una supina ignorancia sobre el pasado y sobre lo que ocurre en el mundo en esta materia, algo de lo que hablaremos un poco más adelante. En realidad, nadie sabe cuántas fosas hay en nuestro país, pero si hiciéramos caso exclusivamente a los mapas ya elaborados las cifras que nos aportan son escalofriantes. Ninguna provincia española está libre de fosas en cementerios, parajes más o menos accesibles, cunetas o bajo inmuebles urbanos. Recordemos que el franquismo desenterró ya muchas para llenar los nichos del Valle de los Caídos, sin pedir permiso a ningún familiar. Pues aún así, sigue habiendo cientos y cientos de fosas. Quizás nunca sabremos cuántas. El paso del tiempo no es precisamente un aliado en esta búsqueda porque los testigos se están muriendo.

Fuera de nuestro país se han hecho grandes esfuerzos por recuperar los cuerpos de las víctimas de guerras, represiones y violencias políticas. Sabemos del trabajo que hace en América Latina, especialmente en la Argentina, pero no son los únicos. En países nada sospechosos para las conciencias conservadoras hay instituciones que se dedican a esta cuestión de forma exhaustiva. El caso británico es paradigmático. En 1917 se creó la Commonwealth War Graves Commision o la Comisión de las Fosas de Guerra de la Commonwealth, con real reconocimiento. Esta institución se dedica a rescatar los restos de los ciudadanos y ciudadanas de esta comunidad anglosajona que fueron víctimas de las dos guerras mundiales. Ha construido más de 2.500 cementerios y monumentos conmemorativos. Por fin, se dedica a recordar la muerte en guerra. Los interesados pueden entrar en su página web, permanentemente actualizada.

Algunos objetarán que se trata de víctimas de las guerras donde estuvo involucrado el Imperio británico y no de víctimas de la represión de unos ciudadanos sobre otros. Y tendrán toda la razón, pero, ¿es esa una razón para que miles de españoles de un tiempo no tan lejano sigan bajo tierra en cualquier rincón? En esto, como en todas las cuestiones que tienen que ver con la violencia presente o pasada, la razón está siempre, sin lugar a dudas, del lado de las víctimas, sin que tenga que haber ninguna otra consideración más que la que expresen los familiares y allegados de los que, sin justificación alguna, perdieron su vida por el odio y la sinrazón.

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