España y sus animales: todavía mucho por hacer

Política

Últimamente estamos muy atentos a todo tipo de informes que organizaciones internacionales y nacionales están realizando sobre distintos aspectos sociales, de nuestro país. Nos hemos hecho eco de los relativos a pobreza, desahucios seguridad, salarios, y desigualdad, denunciando la intensa dualidad de nuestro país tan desarrollado y moderno, pero con amplios sectores sociales y colectivos con gravísimos problemas para sobrevivir.

Pues bien, hoy nos acercamos a los animales. No se trata de una cuestión baladí, ni de una frivolidad de supuestos maniáticos de las mascotas, ni tampoco asunto exclusivo de radicales animalistas en actos de fuerte impacto mediático, sino un claro indicador que nos dice mucho de un país, de su grado de desarrollo, cultura, civilización y hasta de su bienestar, y no sólo de los animales, sino también de sus ciudadanos y ciudadanas.

Según el Índice de Protección Animal (API) del World Animal Protection, España estaría dentro de un amplio grupo de hasta cincuenta países con una legislación de tipo medio sobre el bienestar animal, que necesitaría una clara mejoría.

Al parecer, existe todavía un margen, que como veremos es bien grande, para mejorar, aunque se reconoce que España firmó el Convenio Europeo para la protección de los animales de compañía. Recordemos que dicho Convenio se estableció en Estrasburgo el 13 de noviembre de 1987, pero España no lo firmó hasta el otoño de 2017, es decir, treinta años después, un dato que debería sonrojarnos cuando menos, aunque, bueno, al menos ya obliga a nuestro país. No nos resistimos a recordar lo que dice el preámbulo de esta fundamental disposición europea con sus considerandos, y que plantean una conciencia activa en defensa de nuestros compañeros y compañeras en la vida:

“Reconociendo que el hombre tiene la obligación moral de respetar a todas las criaturas vivas, y teniendo presentes las especiales relaciones existentes entre el hombre y los animales de compañía;

Considerando la importancia de los animales de compañía por su contribución a la calidad de vida y su consiguiente valor para la sociedad;

Considerando las dificultades dimanantes de la gran variedad de animales que conviven con el ser humano;

Considerando los riesgos que la superpoblación de animales representan para la higiene, la salud y la seguridad del hombre y de los demás animales;

Considerando que no debe alentarse la utilización de especímenes de la fauna salvaje como animales de compañía; Conscientes de las diversas condiciones que rigen la adquisición, la tenencia, la cría, comercial o no, la cesión y el comercio de los animales de compañía;

Conscientes de que las condiciones en la tenencia de animales de compañía no siempre permiten promover su salud y bienestar;

Observando que las actitudes hacia los animales de compañía varían considerablemente, a veces por inconsciencia o falta de conocimiento; Considerando que una actitud y unas prácticas comunes básicas que determinen una conducta responsable por parte de los propietarios de animales de compañía constituyen un objetivo no sólo deseable sino también realista”, (Podemos consultar el Convenio completo en la página correspondiente del BOE de 11 de octubre de 2017).

Pues bien, el Índice también resalta que España promulgó una ley para cumplir los requisitos de la Unión Europea en materia de protección de los animales de granja, es decir, de los que no son de compañía, sino que tienen una vinculación económica y con nuestra alimentación. Y aquí es donde se incide más en el informe al recomendar a nuestro país que no se confine a estos animales porque eso tiene consecuencias relacionadas con la mala higiene, el estrés en los animales debilitando su sistema inmunitario, provocando enfermedades, es decir, que la primera recomendación tiene que ver, en realidad con la sanidad general. Pero hay más.

Se insta al Gobierno a acabar con las jaulas de paridera en la cría de cerdos y con las destinadas a gallinas ponedoras y se le exige "ordenar la matanza humanitaria" de los animales de granja con "aturdimiento antes del sacrificio"; que se prohíba la "cría de pieles, que es inherentemente cruel y causa dolor y angustia a los animales", y se solicita "la exención cultural que permite que continúen las corridas de toros".

Leemos, además, en la noticia que World Animal Protection denuncia que en España se autoriza "la matanza de animales no aturdidos" o el "sacrificio de animales callejeros", criticando que la legislación actual esté "muy restringida" a animales que reportan un beneficio económico porque eso obstaculiza su bienestar.

Entre las preocupaciones vinculadas al bienestar de los animales, la organización internacional cita a la agricultura intensiva, la explotación de algunas especies "en aras del entretenimiento" o el "comercio de vida silvestre", con la amenaza que, aseguran, representa para "brotes de enfermedades o de epidemias".

No podemos dejar de estar más de acuerdo con todo. Por nuestra parte, esperamos ver en vida el final de las corridas de toros. En realidad, esa tendencia cultural tradicional ya lleva quebrándose en los últimos decenios, y distintos lugares de este país prohíben estos espectáculos. Llegará su fin.

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