El sistema de partidos en el reinado de Isabel II

Historia

En el reinado de Isabel II las principales tendencias liberales siguieron siendo la moderada y la progresista, nacidas ya en el Trienio Liberal, pero que se fueron convirtiendo en partidos políticos más organizados, aunque distintos a las organizaciones de masas del siglo XX, ya que eran partidos de cuadros y élites. También aparecieron otros partidos, como el Demócrata y la Unión Liberal.

 

El Partido Moderado estaba compuesto por políticos seguidores de gran parte de las teorías del liberalismo doctrinario francés. Defendían la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, que la Corona tuviese el derecho de veto, la capacidad para nombrar y separar el Gobierno y el poder de disolver las Cortes. El mantenimiento del orden público era una de sus principales principios, por lo que tendieron a restringir el ejercicio de los derechos. Aplicaron el sufragio censitario más restrictivo. Su base social estaba compuesta por la aristocracia, la burguesía financiera y comercial, y los altos cargos del Estado, la Iglesia y del Ejército. Contaron siempre con el apoyo de la Corona. Fue el partido político que más tiempo estuvo en el poder durante el reinado. Su época de mayor poder se produjo en la Década Moderada (1844-1854). En ese momento la figura clave fue Narváez.

El Partido Progresista estaba integrado por los defensores de la soberanía nacional, un sufragio censitario aunque más amplio que el promulgado por los moderados para atender a su base social, creían en la Milicia Nacional como instrumento político de defensa constitucional, y la extensión de los derechos individuales. Deseaban una Corona con un poder limitado aunque se le reconocía su facultad de disolver las Cortes. Los progresistas conseguían apoyos entre la pequeña burguesía de comerciantes, artesanos y oficiales militares de baja graduación. Ejercieron la oposición en el Congreso y en la prensa, y dadas sus dificultades para acceder al poder por el monopolio moderado emplearon los pronunciamientos para poder acceder al mismo, destacando la Vicalvarada en 1854, que abrió el Bienio Progresista.

El Partido Demócrata surgió en 1849 como una escisión del ala radical del progresismo. Persiguió la instauración del sufragio universal, la extensión de los derechos y la intervención del Estado en algunas cuestiones, como la instrucción pública (educación). Con el tiempo un sector de los demócratas derivaría hacia el republicanismo.

La Unión Liberal nació en 1854, y estuvo dirigida por el general O’Donnell. Aglutinó a sectores moderados y progresistas, en una especie de centro político. Pretendía armonizar el orden con la libertad con el objetivo de renovar el sistema político, aunque tendió, realmente, hacia el moderantismo. Dominó la escena política entre 1858 y 1863. Desaparecido O’Donnell pactaría con los progresistas para derribar el régimen isabelino en 1868.

Al margen del liberalismo seguirían los carlistas que, con el tiempo, organizarían sus propias formaciones políticas.

Pero estos Partidos, organizados desde arriba, apenas tenían contacto con la realidad social. La escasa participación electoral hacía del pueblo un mero espectador de la vida política. Tenemos que tener en cuenta que el sufragio era censitario y que el porcentaje de votantes osciló entre el 0’1% y el 25% de los españoles de sexo masculino entre 1834 y 1868. Además, la maquinaria electoral estuvo siempre al servicio de los intereses del gobierno, gracias a las leyes electorales de 1837 y 1846, que daban mucho poder a los jefes políticos y a los notables locales, los conocidos en la época posterior de la Restauración como caciques, que organizaban y negociaban los resultados gracias a una amplia red clientelar de fidelidades.

Por último, debemos insistir en la constante presencia de los militares en la política española isabelina. Los pronunciamientos continuaron y, en ocasiones, sustituyeron a la mecánica electoral para asegurar cambios políticos, como hemos apuntado anteriormente.

La mejor síntesis del período sería la de Josep Fontana, La época del liberalismo. Tomo sexto de la Historia de España que dirigió en 2007 junto con Ramón Villares.

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