La misión socialista en las Diputaciones Provinciales por los huérfanos

Historia

“Hijos de los desdichados”

 

Ya es muy conocido de la bibliografía el interés de los socialistas, en general, y de los españoles, en particular, por la actividad política en los municipios, que puede hacerse extensible claramente a la de las Diputaciones provinciales, porque suponían instituciones cercanas a la gente donde poder cambiar aspectos concretos a favor de las clases populares.

En la primavera de 1921, Cayetano Redondo, al que hemos dedicado atención en distintos trabajos, realizó un alegato en las páginas de El Socialista para provocar la indignación obrera a favor de los niños de asilos e inclusas, cuya atención era competencia de las mismas. Redondo tendría, posteriormente, responsabilidades municipales y provinciales, además de en las Cortes. Para Redondo uno de los problemas más graves en las Diputaciones era el estado en el que se encontraban los niños acogidos en asilos e inclusas. A los trabajadores no les podía ser indiferente el trato que se daba en estos establecimientos, que entrecomillaba como “benéficos”, y que eran fruto directo de la injusticia social y de la miseria que padecían los obreros. Por eso, era un deber de los trabajadores socialistas acudir a las Diputaciones provinciales para protestar y trabajar para mejorar la situación de estos niños o para poner de manifiesto esta realidad.

El artículo era una llamada de atención, un llamamiento a la acción de los socialistas porque se preguntaba si había que aplazar las soluciones a cuando triunfase la revolución.

Redondo afirmaba que en la Inclusa de Madrid la mortalidad alcanzaba cifras “escalofriantes”. Los propios médicos ya habían denunciado la situación, provocando, siempre a su juicio, una leve agitación, pero por poco tiempo, porque sin apenas hacer algo para solucionar algunos problemas, todo se había quedado como estaba. No se podía olvidar, y ya lo había apuntado antes, que en estos establecimientos se encontraban los “hijos de los desdichados”, cuya miseria les había impedido crear un hogar. La campaña electoral comenzaba para las Diputaciones.

La llamada de atención se produjo en el número 3839 de El Socialista, cuando ya trabajaba Redondo en su redacción.

 
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