El analfabetismo en la España rural en vísperas de la Segunda República

Historia

Fermín Blázquez (1882-1946) reflexionó en las páginas de El Socialista sobre el analfabetismo en el campo unos meses antes de la proclamación de la República, en febrero de 1931, realizando un análisis que nos puede ofrecer algunas claves de las graves carencias educativas que padecía la mayoría de la población española, y que puede ayudarnos más a entender las razones por las que el nuevo régimen se empeñó tanto en intentar llevar la escuela a todos los rincones de la geografía española.

 

Blázquez fue un socialista muy activo que comenzó su andadura vital como colchonero en Madrid, aunque era natural de la provincia de Salamanca. Muy pronto desarrolló el compromiso sindical y organizó la Sociedad de Obreros Colchoneros de Madrid, que presidió durante mucho tiempo, además de pertenecer a la Federación Nacional de Dependientes de Comercio y dirigir su revista, El Dependiente Español. También tuvo importantes responsabilidades en la Federación de las Juventudes Socialistas. En el PSOE llegó a estar en la Comisión Ejecutiva, y fue diputado por Toledo en las elecciones de 1931. Por otro lado, perteneció a la redacción y administración de El Socialista, y participó en la gestación de la Mutualidad Obrera de la Casa del Pueblo de Madrid. En la Guerra trabajo en Investigación Militar y pasó al exilio en Orán al terminar el conflicto.

Pues bien, Blázquez publicó, como hemos dicho, un artículo en el periódico obrero donde se hacía eco de uno de los graves problemas del campo español, el analfabetismo, aparte de la “miseria material” que allí se sufrían, en palabras del propio periodista. Esa falta de instrucción tenía acobardados a los obreros del campo. Ni sabían ni leer ni escribir, y no más que cavar, segar y algunas otras labores.

El analfabetismo era un baldón para España, en general, pero en el campo el número de personas que no sabían leer ni escribir era enorme. Los únicos niños que en el mundo rural iban a la escuela pertenecían a familias acomodadas, es decir, las únicas que contaban con recursos suficientes para librar a sus hijos de la necesidad de tener que padecer un trabajo, que Blázquez calificó de “inhumano y prematuro”.

Pero la mayoría de los niños estaban condenados a vivir privados hasta de la escasa instrucción que el sistema ofrecía a los que carecían de recursos económicos. Desde muy pequeños se les llevaba al trabajo de la tierra, a sufrir las inclemencias del tiempo, calor en verano y frío en invierno, y sin que las autoridades interviniesen para impedirlo, como tampoco los propios padres, ya que la inconsciencia mataba su sensibilidad o, sobre todo, porque la necesidad de una vida de privaciones y explotación les obligaba a hacerles trabajar para aumentar algo los ingresos ante los bajísimos jornales que se percibían.

El analfabetismo, y aportaba las cifras que Luzuriaga había publicado unos tres años antes, se cebaba en el campo español. Los porcentajes eran en algunas regiones impresionantes. Frente al casi 34% de analfabetismo en el País Vasco y Navarra, estaban los porcentajes de un 64’53% de Extremadura, un 66’26% en Andalucía, o del 70’12% de Murcia. Las provincias andaluzas, algunas de la actual Castilla-La Mancha y de Murcia ofrecían datos, verdaderamente espeluznantes. La situación mejoraba en las capitales y principales ciudades, donde había más escuelas, pero también había un conjunto de “distritos judiciales”, como Yeste, Priego de Córdoba, Alhama de Granada, Baza, Motril, Alcalá la Real, Orcera, Alora, Coín, Colmenar y Torrox donde un 80% de sus habitantes eran analfabetos.

El campo español carecía de escuelas, pero, sobre todo, las condiciones miserables de vida a las que se veían condenadas casi todas las familias, obligaban, como hemos expresado, a hacer trabajar a los niños a los ocho años de edad. Había, por lo tanto, una causa eminentemente social y económica en la fuerza y persistencia del analfabetismo.

Blázquez se preguntaba si podía continuar ese estado de cosas que tantos males causaba. Y terminamos con una reflexión propia. Esta es una de las cuestiones claves de la situación en una parte fundamental de la España del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX: miseria y analfabetismo. Seguramente, si entendiéramos bien estos dos elementos, intrínsecamente unidos, podríamos comprender muchas cosas que ocurrieron en los años treinta en España, y no sólo sobre el interés de la República en fomentar la educación, como expresábamos al principio de nuestro trabajo.

El artículo se puede consultar en el número 6881 de El Socialista. Por su parte, sobre Fermín Blázquez contamos con el imprescindible Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

 
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