Rodolfo Llopis o la paz por la escuela

Historia

Desde su responsabilidad educativa en la Segunda República, Rodolfo Llopis luchó por la paz. Consideraba que había que destruir sus causas empleando el instrumento de la educación.

 

Llopis escribió un artículo, al respecto, en el especial que El Socialista dedicó a la guerra en agosto de 1932, donde explicaba sus ideas.

Los tratados de 1919 habían terminado con la guerra, pero no habían traído la paz, porque habían generado muchos conflictos. El tiempo no había ayudado a restablecer equilibrios sino a enconar más las pasiones, sin olvidar las crisis económicas y el peligro de los nacionalismos. Llopis aludía a que cada día se hablaba de la posibilidad de una nueva guerra, y se hacía con naturalidad. Se hablaba de grupos financieros que construían material de guerra y no producía apenas emoción. Se reunían conferencias internacionales, se firmaban pactos y se hacían declaraciones de paz, pero no se había adelantado nada, es más, se había retrocedido.

Por eso, había que cambiar de táctica, en opinión de Llopis. No se podía esperar la paz de los que se beneficiaban de la guerra, no se podía combatir la guerra por la guerra misma. La guerra sería una consecuencia, por lo que había que ir a la causa, que no era otra que el capitalismo, como ya había establecido en su día Jaurès, al afirmar que llevaba en sus entrañas todas las posibilidades y peligros de la guerra. En consecuencia, lo que había que combatir era el capitalismo. Pero, además, de ir a las causas, había que fomentar un ambiente pacifista. Por eso afirmaba que había que “desarmar las conciencias”.

Y el mejor instrumento para el desarme moral se encontraría en la escuela, encargada de liberar las conciencias con el fin de ganarlas para la paz. Por lo tanto, se tenía que trabajar para generar un cambio en la educación. En primer lugar, era importante cuidar el tipo de libros que se ponía en manos de los niños. Después estaría el asunto de los juguetes “guerreros”.

En tercer lugar, había que tener en cuenta la transformación de los juegos y deportes para convertirlos en ejercicios de “verdadera fraternización”, fomentando la solidaridad. Este principio, asociado a la educación, además, estaba recogido en la Constitución, y se repetía en las circulares emitidas por el Ministerio de Instrucción Pública. Era el objetivo de la República.

En este sentido, Rodolfo Llopis informaba que el Ministerio había comenzado a revisar los libros escolares (libros de texto). También se había advertido sobre qué tipo de juguetes de debían repartir en las festividades, es decir, nada de armas, ni de objetos que pudieran despertar aficiones bélicas. Uno de los medios que se estaba desarrollando con el fin de despertar el principio de la fraternidad estaba siendo el de fomentar el contacto internacional entre niños de distintos países. En este sentido, en La Granja se había organizado una colonia escolar internacional. Niños alemanes habían pasado en el anterior verano, es decir, en el de 1931, una temporada en dicho lugar con niños españoles. En correspondencia habían ido a Alemania a convivir. En el verano de 1932, cuando se publicaba este artículo, ya había llegado la segunda expedición alemana. También se habían organizado intercambios con Francia e Inglaterra. Llopis pensaba que entre los niños se generarían lazos fraternales que se enraizarían de tal manera que no se podrían romper con el tiempo. Los niños no necesitaban preguntarse la nacionalidad para relacionarse, y al convertirse en adultos, no olvidarían esos lazos creados de pequeños.

Llopis era un idealista, sin lugar a dudas, porque pensaba que si algún día los Estados empujaban hacia la guerra resurgirían los sentimientos fraternales. La solidaridad y la fraternidad triunfarían sobre los instintos ancestrales.

“La escuela desarmó sus conciencias. ¡Magnífico programa de educación!”

El texto se encuentra en el suplemento del número 7332 de El Socialista, del mes de agosto de 1932.

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