Los orígenes históricos del derecho de autodeterminación

Historia

Entendemos por autodeterminación la libre decisión de los habitantes de un territorio determinado acerca de su futuro político.

 

El origen del que se considera el derecho o principio de libre determinación o autodeterminación de los pueblos estaría en el siglo XVIII en la Revolución Americana, en la Declaración de Independencia de 1776. Dicho documento exponía las razones por las que las Trece Colonias consideraban que tenían derecho a separarse de la metrópoli, y emprender un camino propio:

“Consideramos evidentes por sí mismas las siguientes verdades: todos los hombres han sido creados iguales; el creador les ha concedido ciertos derechos inalienables; entre esos derechos se cuentan: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Los gobiernos son establecidos entre los hombres para garantizar esos derechos y su justo poder emana del consentimiento de los gobernados. Cada vez que una forma de gobierno se convierte en destructora de ese fin, el pueblo tiene derecho a cambiarla o suprimirla, y a elegir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y organizar sus poderes en la forma que a su juicio sea la más adecuada para alcanzar la seguridad y la felicidad. (...). Cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, tiene el pueblo el derecho, tiene el deber de derrocar ese gobierno y establecer nuevas garantías para su futura seguridad (...). Nosotros, los representantes de los Estados Unidos de América, reunidos en Congreso general (...) en el nombre y por autoridad del pueblo, solemnemente publicamos y declaramos que estas colonias son y de derecho deben ser Estados Libres e Independientes; que se consideran libres de toda unión con la Corona británica.”

Estos razonamientos, por lo demás, inspirarían los procesos de emancipación que se produjeron unos años después, ya en el siglo XIX, de las colonias hispanoamericanas, y más lejanamente, en el siglo XX, en las descolonizaciones en África y Asía.

El derecho de libre determinación tiene su versión comunista en la Revolución Rusa de Octubre, al formularse la Declaración de Derechos del Pueblo de Rusia de noviembre del año 1917, y que facilitó la independencia de Finlandia. La Constitución soviética de 1924 incorporó este derecho por vez primera en un texto constitucional, reconociéndolo para las repúblicas que formaban la URSS:

“Artículo 3. La soberanía de las repúblicas federadas no tiene más límites que aquellos indicados en la presente Constitución y exclusivamente por los objetos reservados a la competencia de la Unión. Dentro de esos límites, cada república constituye sus poderes públicos de una forma independiente: La URSS garantiza los derechos soberanos de las repúblicas federadas.

Artículo 4. Cada una de las repúblicas federadas tiene el derecho garantizado de salir libremente de la Unión.”

En principio, la autodeterminación, tanto los procesos de emancipación, descolonización o de articulación de una unión de repúblicas, puede ser considerado desde una posición, digamos, positiva, como un derecho de los pueblos a poder emprender sus propios caminos, en un sentido liberalizador. Pero, también pudo ser esgrimido desde otras perspectivas polémicas y hasta peligrosas. La Alemania nazi empleó este argumento de la libre determinación en su proceso de expansión territorial previo al estallido de la Segunda Guerra Mundial. El Anschluss con Austria y el asunto de los Sudetes fueron justificados apelando a una interpretación de este derecho.

El derecho de libre determinación llegaría claramente al derecho internacional con las Naciones Unidas, un asunto que, por su importancia, merece un artículo monográfico.

Nos ha servido como guía el Diccionario Político. Voces y locuciones de Antonio Tello, en El Viejo Topo, Barcelona, 2012.

 
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