Juan B. Justo y la fiscalidad

Historia

En este breve trabajo queremos exponer las ideas del padre del socialismo argentino sobre los impuestos, a través de la conferencia que impartió seguramente en 1910, en un local del Partido Socialista de Argentina. El texto fue recogido por la publicación española Vida Socialista en el primer número del mes de diciembre del año 1912.

 

Para el socialista argentino era importante que el pueblo supiera dos cosas fundamentales en material fiscal. En primer lugar, debía conocer los impuestos que encarecían la vida y el trabajo, y luchar contra ellos, es decir, estaríamos hablando del combate de la fiscalidad indirecta. La protesta debía ir encaminada a que el fisco empleara las “buenas” fuentes del impuesto.

En segundo lugar, el pueblo necesitaba saber en qué se invertía el dinero público. Si se destinaba para “favores oficiales”, iglesias y “paradas”, había que volver a protestar porque eran despilfarros.

Establecidos estos dos puntos, el doctor Justo, desde la convicción de la defensa de los servicios públicos y de la necesidad de ampliarlos y perfeccionarlos, creía muy importante estudiar las posibles nuevas rentas públicas que se pudieran obtener.

Justo aludía a que en la Argentina del Centenario (por eso, pensamos que la conferencia se impartió en 1910 y que luego se recogería por la publicación española) no había escuelas mas que para la mitad de los niños en edad escolar. Calculaba que harían falta unas diez mil escuelas para atender las necesidades de escolarización. Pero no sólo había necesidades educativas, sino también en la sanidad.

Para nuestro orador la solución para atender estas necesidades pasaba por una fiscalidad sobre los valores territoriales, sobre el incremento del valor del suelo. El Estado argentino cobraba muchos impuestos al consumo, pero no gravaba casi el aumento del valor de los terrenos. Justo aludía a las teorías del norteamericano Henry George sobre cómo los males sociales provenían no de la tierra en sí, sino de la apropiación privada de la misma, y de cómo los seguidores de George hablaban de la “singletax” como la única salvación contra el privilegio, contra la especulación y la miseria de las masas. Justo explicaba a sus oyentes que las ligas para el impuesto sobre los valores territoriales demostraban con cifras que los terratenientes se estaban apropiando de todos los beneficios del progreso social con la revalorización de sus tierras porque, afirmaba, el valor del suelo dependía de la renta y no ésta de aquél, como pretendían defender algunos periódicos argentinos. En las ciudades los gastos públicos en servicios e infraestructuras de todo tipo terminaban por beneficiar a los propietarios.

Justo quería la abolición de los impuestos “sobre la vida y el trabajo”, y que se mantuviera la contribución directa basada en una evaluación exacta, pero librando de este gravamen el valor de los edificios y las mejoras. Debía establecerse un impuesto territorial progresivo sobre la propiedad rural, sobre el incremento del valor del suelo, con el fin de que se acelerase, además, la división de los latifundios. Justo no quería imposición sobre el capital para atraer el extranjero, y para que los empresarios pudieran invertir, es decir, estaba en contra del “income tax”.

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