La Confederación Helvética medieval y moderna
La Confederación Helvética nació como una alianza entre las comunidades de un conjunto de valles en el corazón de los Alpes. Su principal fin era el mantenimiento de la paz y el orden para el desarrollo comercial en las rutas que cruzaban la cordillera.
En este sentido se firmó la Carta Federal en agosto de 1291 por parte de las comunidades de los valles de Uri, Schwyz y Unterwalden. La situación en aquel momento era compleja porque estas comunidades temían que se produjeran ataques tras la muerte en ese mismo verano del emperador Rodolfo I de Habsburgo. Debemos recordar que antes de este fallecimiento los Habsburgo reclamaron algunas de estas comunidades y llegaron a atacar. Es importante destacar que lo que se firmó no fue la creación de un Estado, sino de una alianza, porque cada uno seguiría sujeto “a su señor, como debe ser”. Era un pacto de asistencia mutua y hasta se esbozó un conjunto de reglas. Fueron, además, muy previsores, porque acordaron que, en caso, de conflicto entre las partes “los confederados más sabios” debían intervenir como mediadores. Lo que es curioso es que existen historiadores que cuestionan este pacto de finales del siglo XIII, y que el texto sería redactado, realmente en el siglo siguiente. La datación por radiocarbono dictaminó en 1991 que podría ser de la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV. Los cantones originarios se unieron con los de Glais y Zug, y con las ciudades-estado de Lucerna, Zúrich y Berna, formándose una Confederación de los ocho cantones, que duraría hasta finales del siglo XV.
Hacia 1460 la Confederación controlaba gran parte de los territorios al sur y oeste del Rin hasta la Cordillera de los Alpes. La Confederación consiguió la independencia de hecho después de la Guerra de Suabia contra la Liga de Suabia y los Habsburgo en 1499. De ese modo, la Confederación se asentó en el centro de Europa, demostrando su poder y energía frente al resto de poderes de la zona. Pero en 1515 sufrió un serio revés en la Batalla de Marignano, que se produjo entre los ejércitos de Francia y Venecia contra los del Ducado de Milán y de la Confederación Helvética. El territorio vivió la compleja realidad de la Reforma protestante, de la mano de Zwinglio, con conflictos de envergadura, como las guerras de Kappel entre católicos y protestantes. La independencia de derecho de la Confederación no llegaría hasta la Paz de Westfalia que puso término a la Guerra de los Treinta Años. El enviado de la Confederación, Johann Rudolf Welstein, fue, en este sentido, un hábil negociador. La Confederación dejó de pertenecer al Sacro Imperio Romano Germánico.
Internamente, no fue un tiempo tranquilo porque las familias gobernantes de los cantones desarrollaron una clara política autoritaria. Este hecho, y sobre todo, la crisis económica al terminar la Guerra de los Treinta años, provocaron que estallara la Guerra Campesina de 1653. La devaluación de la moneda en Berna, generó una revuelta antifiscal campesina, que prendió con facilidad. Tampoco la cuestión religiosa parecía solucionarse, entre católicos y protestantes porque en segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII estallaron enfrentamientos violentos, destacando la Batalla de Wilmergen.