El camino hacia las revoluciones en el XVIII

Historia

Desde el último cuarto del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX se asistió a un intenso período revolucionario. Las revoluciones constituyen un conjunto de agitaciones políticas y sociales contra el poder establecido, considerado por los revolucionarios como ilegítimo, que, terminarían por transformar profundamente las estructuras políticas y sociales occidentales.

 

El precedente lejano en el tiempo de este período se encuentra en las revoluciones inglesas del siglo XVII, que derribaron los intentos de desarrollar el absolutismo por parte de los monarcas de la dinastía de los Estuardo e impusieron la autoridad del Parlamento, conformando un sistema político nuevo de Monarquía parlamentaria, como hemos estudiado.

Pero fue la Revolución Francesa de 1789 la que se convirtió en el prototipo y modelo de las demás, y su influencia se prolongaría durante el siglo XIX hasta el estallido de la Revolución Rusa de 1917.

En todo caso, tenemos que tener en cuenta que la primera revolución de este período sería la americana de 1776 que, además, supuso el nacimiento de una nueva nación, los Estados Unidos. Los cambios económicos y sociales del siglo XVIII influyeron en el estallido de las revoluciones que fueron protagonizadas por la burguesía y los grupos trabajadores frente a los estamentos privilegiados, aunque la gran beneficiaria de las revoluciones sería la burguesía que se hizo con el poder y estableció un nuevo modelo político y social liberal y burgués. La burguesía había ido adquiriendo una clara conciencia de su importancia hasta que comprobó que, con el despotismo ilustrado, la última opción para emprender reformas, no se podía cambiar un sistema que no les favorecía.

Así pues, el desencadenante del inicio de este proceso revolucionario occidental estaría en el fracaso de las Monarquías europeas del despotismo ilustrado para afrontar los problemas sociales y económicos de su tiempo. Pero para que se dieran hacían falta la combinación de intensos problemas económicos (crisis agrarias y déficit económico del Estado) con una ideología que cuestionara el sistema, como era la Ilustración, y que terminara por convertirse en el liberalismo. Por eso, los revolucionarios franceses -y del mismo modo que empezamos el libro lo terminamos- bautizaron el mundo que querían destruir como un régimen antiguo, es decir, ese Antiguo Régimen que hemos intentado dibujar con algunos trazos.

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