Adam Müller y el Estado orgánico

Historia

El gran teórico del Estado como un organismo vivo fue el berlinés Adam Heinrich Müller (1779-1829), siendo un pensador fundamental del conservadurismo.

 

Müller fue amigo de Gentz, que le introdujo en la ciencia política, le condujo a convertirse al catolicismo (era protestante), y también le permitió poder entraren la corte austriaca en tiempos de Metternich, desempeñando diversas responsabilidades.

Aunque partió de un cierto liberalismo, al final fue evolucionando hacia un evidente conservadurismo. Se inspiró en las ideas de Fichte sobre el Estado orgánico, y terminó convirtiéndose en un adalid de principios claramente contrarrevolucionarios en la Europa de la Restauración.

Las ideas sobre el Estado de Müller partirían del hecho de que el hombre es un ser social, forjándose a lo largo del tiempo una especie de solidaridad generacional. El Estado, que se identificaría con la sociedad, sería la suma de los distintos intereses humanos que se fusionarían en un todo orgánico. Ese todo o Estado orgánico uniría las categorías sociales y sería, en consecuencia, contrario a la igualdad y, por lo tanto, claramente jerarquizado. Eso se justificaría por el hecho de que cada parte desempeñaría funciones diferentes para conseguir la armonía del conjunto. El Estado sería como su base, la familia. En la misma habría diferentes generaciones, las jóvenes y las de los ancianos, y eso permitiría la sucesión generacional. Del mismo modo, el Estado se expresaría en una sucesión generacional. Cuando el derecho de la ancianidad se hizo hereditario surgiría la aristocracia. Por otro lado, afirmaba que la sociedad descansaría sobre la nobleza, que sería como el elemento femenino de la familia, la burguesía, el masculino, los comerciantes, la juventud y el clero la edad madura. La nobleza, como las mujeres en la familia, sería el símbolo de la continuidad, es como la garantía de la supervivencia.

En todo caso, como observamos, lo importante es la tradición, la generación, la familia, y la subordinación del individuo a la colectividad, al Estado, al contrario que el liberalismo donde el individuo es el protagonista de la concepción del Estado.

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