La palabra
La palabra no solo significaría en sí un componente de un discurso, sino también la inteligencia, la razón y hasta el sentido profundo de un ser y el pensamiento divino, significados todos que nos aportaron los griegos.
Los masones tienen que trabajar mucho con la palabra, y así entre las ciencias y artes la gramática es fundamental, porque permite formar e interpretar las palabras. La gramática aportaría conocimiento al verbo, que es la percepción de la realidad espiritual. Por eso, existe la denominada «ley del silencio» que es el uso muy restringido de la palabra para los aprendices porque aún no tienen la suficiente formación y les pesan los ecos de los ruidos del mundo profano. La palabra tiene un poder que debe estar de acuerdo con la sabiduría y la espiritualidad. El aprendiz debe ponerse, por lo tanto, a estudiar la gramática. El compañero debe esforzarse en la lógica, sin olvidar la gramática. La lógica es el conocimiento del mundo manifestado. Por fin, el maestro em prende el estudio de la retórica, que es el arte superior porque aporta el conocimiento elevado y el dominio de todos los lenguajes, el profano, el sagrado, el secreto y el natural.
El uso de la palabra en las tenidas masónicas está muy reglado en función del rito, del ritual propio y de los grados. La palabra no puede emplearse ni solicitarse en vano, y debe ajustarse a unas reglas estrictas.
En masonería existe la palabra sagrada que representa el nombre del ser, el principio interior o espiritual. La pronunciación de la palabra sagrada es una señal de paso, la clave de acceso, y representa también la instrucción que debe partir del Oriente, que es de donde emana la Verdad. Las palabras sagradas, además, se relacionan en masonería con lo que se denomina la búsqueda de la palabra perdida, el verdadero nombre inefable de Dios, que restituido equivaldría a reunir lo disperso. Existen palabras sagradas en función de cada grado. La palabra sagrada del aprendiz es Boaz o la fuerza, y permite comprender al mismo la fuerza que realmente tiene en su interior. La palabra sagrada del compañero es Jakin, que significa estar firme o establecer. Mac−Benac es la palabra sagrada del maestro, es decir, «la carne se separa de los huesos» o «la construcción que sigue a la destrucción». La palabra sagrada en el grado de maestro es la «palabra verdadera».
Por fin, habría que hablar de la palabra de paso, una expresión que tiene su origen en la Biblia cuando los galaditas obligaron a los ephrateros a decir la palabra Shibolet para que pudieran cruzar el Jordán. En masonería la palabra de paso tiene que ver con un simbolismo relacionado con el tránsito, es decir, como si fuera una llave o una clave que abre una puerta a un espacio y un tiempo interior sagrado, espiritual. En ese sentido, el grado de aprendiz no puede tener palabra de paso todavía. La de compañero es la mencionada anteriormente, y significa espiga, símbolo de madurez y fecundidad. Shibolet tiene un componente hebrero que se vincula no solo con el concepto de espiga, sino también de camino y ramo. Pero también tiene su componente griego, esto es, cultivo. Es una palabra que simboliza la estabilidad productora y la maduración, como la espiga, que se consigue del paso del primer al segundo grado. La palabra de paso del maestro es Tubalkain, es decir, el forjador de metales, artífice o constructor. Tubalkain enseña el trabajo de los metales a Hiram, esos que tienen que ver con la personalidad, pero de los que tiene que desprenderse para entrar en la Cámara de Reflexión.
También existe la palabra del semestre, instituida por el Gran Oriente de Francia en 1773. Serviría para acreditar la actividad o «regularidad» de los masones de una misma obediencia. Es emitida por el Gran Maestre a los Venerables Maestros de las logias cada semestre, y es comprobada por el retejador a la entrada del templo masónico.