El Trienio Liberal y la enseñanza de la agricultura

Historia

Las Cortes del Trienio Liberal abordaron la cuestión de la institucionalización de la enseñanza agraria con un proyecto de Escuelas prácticas de Agricultura y Economía Rural.

El ministro de la Gobernación, Ramón Feliú, defendió el 5 de junio de 1821 un proyecto que incluía la creación de una Escuela Normal en Madrid bajo la inspección directa del gobierno para formar a profesores que luego serían destinados en las Escuelas provinciales. El programa de estudios sería de seis años con una parte teórica o científica y otra práctica, más técnica. El coste financiero, uno de los grandes problemas de todas estas primeras iniciativas, sería de 392.000 reales para la Escuela Normal y de unos 154.000 reales para las Escuelas provinciales. Pero la urgencia para que se formasen personas en la ciencia agronómica motivó la inclusión en este proyecto de una medida especial mientras se formaba la primera promoción de profesores de la Normal: se abrirían Escuelas de forma inmediata en Canarias, Granada, Córdoba, Plasencia, León, Pontevedra, Sanlúcar y Zaragoza. Pero en el debate parlamentario se plantearon una serie de objeciones en relación, precisamente, con el presupuesto. Las cifras se rebajaron: 300.000 reales para la Escuela de Madrid y 146.000 para las de las provincias.

Al final, la enseñanza de la agricultura terminó por insertarse en el sistema educativo liberal pergeñado en 1814 y ahora establecido en el Reglamento General de Instrucción Pública, que se aprobó el 29 de junio de 1821. En el artículo 24 del Título III sobre la Segunda Enseñanza se señalaba que en todas las Universidades de provincia se crearían, entre el conjunto de Cátedras, una de botánica y agricultura, además de que debían contar con un terreno destinado a la “agricultura práctica”. En un nivel superior estaría el apartado de Escuelas especiales donde se incluían las de agricultura experimental, como hemos visto anteriormente, pero ahora había que abrir más Escuelas.

Las ciudades que serían sedes de estas escuelas fueron las siguientes: Valladolid, Sanlúcar de Barrameda, Canarias, La Habana, Celaya, Cuernavaca, Córdoba, Guatemala, Tarma, Santa Fe de Bogotá, Caracas, Guayaquil y Manila. Llama la atención este despliegue, habida cuenta de que los procesos de independencia en América ya eran casi imparables.

El fin del Trienio Liberal impidió la puesta en marcha del programa educativo diseñado en el Reglamento. El proceso de institucionalización de la enseñanza agraria tendría que esperar al reinado de Isabel II, aunque se habían sentado algunas bases teóricas que podían ser tenidas en cuenta, con algunos cambios, en el futuro.

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