El primer carlismo

Historia

El carlismo fue un movimiento político cuyos orígenes se situarían en la época del Trienio Liberal con la Regencia de Urgell y la Guerra de los Agraviados en Cataluña, pero cuyo pleno desarrollo se produciría tras la crisis sucesoria de 1832 y la muerte del rey Fernando VII al año siguiente.

Como opción dinástica, el movimiento carlista apoyaba las pretensiones al trono del hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro y de sus descendientes, en contra de la línea sucesoria femenina encarnada por Isabel II. Pero más allá de la cuestión dinástica, el carlismo defendía a ultranza el mantenimiento de las viejas tradiciones del Antiguo Régimen, en abierta oposición a la modernización identificada con la Revolución Liberal. En sus comienzos, el ideario político carlista fue difuso, pero con el tiempo acabó articulándose en torno a un conjunto de ideas.

En primer lugar, el carlismo defendía la tradición política del absolutismo monárquico, rechazando los principios que se intentaron poner en marcha en las Cortes de Cádiz, tanto en la Constitución de 1812 como en la legislación aprobada, y que el Trienio Liberal intentó desarrollar. En este sentido, el establecimiento del Estado Liberal en tiempos de la Regencia de la Reina Gobernadora, especialmente con la promulgación de la Constitución de 1837, así como la política adoptada hacia las órdenes religiosas y la puesta en marcha de la desamortización eclesiástica, no hicieron más que afianzar el absolutismo de la causa carlista, unido a su defensa de la Iglesia Católica, frente a lo que se consideraba una política secularizadora y anticlerical por parte de los liberales.

El carlismo supuso una cierta idealización del mundo rural frente a la sociedad urbana e incipientemente industrializada. El carlismo siempre tuvo menos apoyos en las ciudades de los territorios donde era fuerte frente al mundo rural.

Es evidente que el carlismo suponía la defensa de las instituciones y fueros tradicionales de vascos, navarros y catalanes frente a la uniformidad política y jurídica que pretendía el liberalismo. Tenemos que tener en cuenta que los fueros, especialmente en el País Vasco, representaban una forma de gobierno tradicional aglutinada en torno a las Juntas Generales, con justicia aplicada por jueces propios, una fiscalidad propia y exenta de la general y sin quintas. La cuestión foral es importante para definir al movimiento carlista pero actualmente existe una cierta controversia historiográfica, al respecto, ya que ni en todos los territorios donde arraigó el carlismo existía una acentuada conciencia foral, ni ésta se canalizó en exclusiva a través del carlismo.

En relación con las bases sociales del carlismo conviene señalar que contaba con el apoyo del clero medio y bajo, que percibía el liberalismo como el gran enemigo de la religión y de la Iglesia, y una parte del campesinado, que veía amenazadas sus tradiciones y su situación económica por las reformas liberales, más encaminadas hacia el fortalecimiento de la mediana y gran propiedad y hacia el fin de las tierras comunales, sostén fundamental de las economías campesinas. También fue importante el apoyo de la media y baja nobleza del norte peninsular frente a la alta nobleza que, con algunas excepciones, se integró sin mayores dificultades en el naciente Estado liberal.

En el ámbito geográfico, el carlismo arraigó en las zonas rurales del País Vasco, Navarra, Aragón, la Cataluña interior y el Maestrazgo.

Etiquetado como :
Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido