Apuntes históricos breves sobre federalismo

Historia

La cuestión de la organización territorial de nuestro país está de plena actualidad con el desafío del nacionalismo independentista catalán y por las renovadas tendencias centralistas de las tres derechas españolistas. Los socialistas llevan un tiempo intentando introducir una solución distinta, o, al menos, un debate, y que llevaba mucho tiempo en un segundo plano; nos referimos al federalismo. Pero, ¿qué es el federalismo?

El federalismo es un sistema de organización territorial de un Estado en el que las unidades políticas –los estados o territorios- que lo componen tienen un grado muy alto de autogobierno, aunque estas unidades se subordinan a un poder federal o central en determinadas materias o competencias generales, como suelen ser las fuerzas armadas, la política exterior, las directrices generales económicas, servicios administrativos comunes, grandes infraestructuras, etc.., en un difícil equilibrio, que se establece en sus ordenamientos constitucionales. En los Estados federales el poder legislativo es bicameral, con una cámara baja donde están representadas las circunscripciones electorales en función de su demografía, junto con cámaras altas de representación territorial. Los conflictos de competencias entre el Estado federal y los estados se resuelven en los tribunales federales.

El federalismo surgió con la creación de los Estados Unidos y la promulgación de su Constitución de 1787. Los estados soberanos –las antiguas colonias británicas- pactaron asociarse, pero estableciendo vínculos estrechos para crear una federación y no una confederación, aunque no sin cierta tensión entre los partidarios del fortalecimiento del poder federal y los defensores de los poderes de cada estado. La guerra de Secesión supuso la principal crisis de este sistema político. También puede darse el camino inverso, es decir, partir de un Estado más o menos centralizado que se descentraliza. La Unión Soviética fue un Estado federal de repúblicas, que partió de la descentralización del viejo Imperio zarista, además de la pérdida de algunos territorios. El Estado de las autonomías español, sin ser federal, sí supuso una clara descentralización desde un Estado muy centralizado, herencia combinada del centralismo liberal decimonónico y del acusado centralismo franquista, que liquidó el sistema de la Segunda República que, sin ninguna veleidad federalista sí consideró la posibilidad de la existencia de autonomías, aunque con muy limitadas competencias, a pesar de lo que transmitió en el tiempo la propaganda franquista.

Por otro lado, el federalismo es, también una doctrina política que defiende el sistema político descrito anteriormente. En este sentido, en España existió una tendencia federalista republicana que nació en el siglo XIX y que intentó poner en práctica una solución federal, sin éxito, en la I República, con dos vertientes, una desde arriba con el proyecto constitucional de 1873 y, otra desde abajo y con un carácter más social, con el movimiento cantonalista.

Por fin, el federalismo es una opción para avanzar en la construcción europea, como un medio para dinamizar las instituciones de la Unión Europea, generar políticas comunes, simplificar y agilizar el sistema político y administrativo que tiene la organización y ganar en calidad democrática, con el fin de servir de forma más adecuada a los ciudadanos europeos en un mundo globalizado.

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