María Cambrils contra la explotación de los niños españoles en Francia en los años treinta

Historia

La explotación de niños españoles en las fábricas francesas de vidrio fue un fenómeno que duró mucho tiempo desde finales del siglo XIX hasta los años treinta. En otro trabajo nos hicimos eco de esta situación, de verdadero tráfico de niños, a finales de 1912, gracias al informe que elaboró Guillermo Torrijos para el Grupo del PSOE de París, y que fue recogido en El Socialista. Pues bien, la situación no mejoró. A finales de los años veinte el periodista Alfredo R. Antigüedad volvió a explicar el horror que padecían los niños en las mismas fábricas francesas de vidrio. En 1930, el también periodista José Simón Valdivieso en el Heraldo de Madrid se hizo eco del tráfico de niños con destino a Francia para trabajar.

María Cambrils desde las páginas de El Socialista se unió a estas denuncias explicando el procedimiento. Al parecer, una mujer española residente en Blangi-sur-Bresles viajaba a España cada mes para realizar lo que se podría calificar de “bochornosas compras de niños”. Se dedicaba a recorrer pueblos cántabros (dicha mujer era de la localidad de Villaves, en Burgos), aprovechándose de la miseria de las familias al prometer grandes ganancias que podrían obtener los niños en las fábricas de vidrio, un procedimiento exactamente igual al que vimos en nuestra anterior investigación. Además, se engatusaba a las familias, tan necesitadas, con algunas monedas de plata como adelanto. De este modo, la que Cambrils denominaba la “negrera de Villaves”, conseguía reclutar o “comprar” los niños de doce a catorce años que le reclamaban los fabricantes franceses de vidrio para cubrir las bajas mensuales producidas por las consecuencias de la explotación que padecían.

Los niños eran introducidos en Francia de forma aparentemente legal, al contrario que a principios de siglo, ya que en el pasado cruzaban la frontera por el campo. Ahora, los fabricantes enviaban los contratos de trabajo a nombre de los padres. Los niños eran acompañados por sus familias hasta Hendaya para recibir el precio estipulado. Los niños eran acompañados por la “negrera” hacia Rouan y otras poblaciones con fábricas de vidrio.

El trabajo era durísimo con temperaturas irresistibles, ya que la pasta de vidrio para ser modelada debía estar a 1.500 grados. Los niños tenían que soplar constantemente sobre el caldo para que pudiera pasar a los moldes de construcción. Al parecer, el promedio de mortalidad en estas industrias era muy alto, y muchos niños quedaban con claras secuelas físicas, habida cuenta de la existencia de ácidos y materias tóxicas que se empleaban en estas industrias conculcando la legislación pertinente.

Para María Cambrils el Gobierno español tenía el ineludible deber de investigar cómo se hacían estas contrataciones de menores para las fábricas francesas. La defensa de la infancia maltratada, citando nuestra protagonista a Clara Campoamor, era fundamental.

Hemos consultado el número 6831 de El Socialista. El trabajo citado de este autor se titula, “La explotación de niños españoles en las fábricas de vidrio francesas a comienzos del siglo XX”, en Las nueve musas, (enero de 2019).

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