El himno de la República para María de Lluria

Historia

María de Lluria -María Vinyals y Ferrés- constituye una figura fundamental en la historia del feminismo, y del socialismo en España. Pintora y escritora en prensa, miembro de la Agrupación Socialista Femenina de Madrid entre 1917 y 1918, de la Escuela Nueva, y luego en la Agrupación Socialista Madrileña a partir de 1931, terminando sus días en la Francia ocupada. Nos ha dejado muchos artículos en El Socialista, harto interesantes por sus opiniones sobre el feminismo y la situación de la mujer dentro y fuera de España, pero también por las causas progresistas en política, especialmente en relación con el socialismo.

Hoy nos acercamos a un artículo que publicó en el número del 2 de mayo de 1931 del diario socialista, que trata sobre símbolos políticos a cuenta de la reciente proclamación de la Segunda República, y que lleva por título “Hacia el porvenir”. Creemos que es interesante glosar este trabajo por la importancia que los símbolos tienen en política.

Para María de Lluria el himno de Riego iba asociado a las giras políticas por España porque había sido empleado en las campañas electorales. Era sinónimo de discursos y de vivas a la libertad. Curiosamente, nuestra protagonista consideraba que era una música ramplona (con “acordes ramplones” comenzaba el artículo), pero nunca había dejado de escuchar con emoción esa música, aunque parecía más ramplona aún cuando iba acompañada de la Marsellesa.

La autora consideraba que la Marsellesa se había convertido por su “embriagadora melodía” en el himno internacional de todos los que pensaban de forma fraternal en la libertad individual y colectiva. Pero, María de Lluria recordaba que, realmente, la Marsellesa era un himno guerrero y sangriento porque la letra evocaba campos de batalla, y hasta parecía una reivindicación de la violencia a la hora de implantar la justicia. En todo caso, podía ser el himno del 14 de abril, aunque sabía que había un nuevo himno. Si existía debía publicarse para que fuera de todos conocido con el fin de que se convirtiese en el “verbo de la joven República”, para no tener que recurrir a un himno extranjero ni a la “música de organillo”, cuya evocación era muy querida para María de Lluria, pero por lo que significaba, no por lo que era.

Era muy importante que la República tuviera un himno, porque el canto era expresión o “fórmula mística” del júbilo, y había que cantar porque era la hora, pero María de Lluría quería que se cantase bien, de forma afinada, como correspondía a la nobleza del momento.

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