El franquismo contra la propiedad privada

Publicado en Memoria histórica

El franquismo fue el defensor y garante de la propiedad en España, devolvió las tierras, talleres y fábricas colectivizadas en la guerra, y las tierras expropiadas por la reforma agraria emprendida por la República. Es más, la dictadura clamó durante toda su eterna existencia sobre el famoso oro de Moscú, al parecer, robo máximo del gobierno republicano. En fin, el franquismo fue apoyado por las clases propietarias de este país, especialmente la de los terratenientes, los empresarios y banqueros; entonces, ¿por qué empezamos diciendo que atentó contra la propiedad privada como, quizás, ningún sistema, gobierno, sindicato o partido ha hecho en los dos siglos largos que van desde la guerra de la Independencia a la democracia actual?

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La Cruzada del franquismo

Publicado en Historia

El concepto de cruzada es histórico y se refiere, como bien sabemos, a las guerras o expediciones militares contra los musulmanes en la Edad Media, y en relación con la Tierra Santa, aunque también se aplicó en los conflictos en la península Ibérica entre cristianos y musulmanes, y en otros lugares de Europa. Pero el término se ha ido haciendo más complejo porque se ha aplicado a expediciones, guerras, o campañas que nada tienen que ver con este origen medieval. El caso de la guerra civil española es uno muy evidente. La guerra civil sería una cruzada no contra el Islam, lógicamente, sino contra el marxismo, el anarquismo, la masonería, los impíos, los liberales y demócratas, los tibios, “los malos españoles” y los extranjeros que apoyaban la causa de la República. Franco comenzó a usar la expresión de “cruzada nacional” muy pronto, a los pocos días del golpe de julio de 1936. El precedente del uso del concepto de cruzada estaría en José Antonio Primo de Rivera.

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La pervivencia del franquismo en el autoritarismo actual

Publicado en Política

Una de las pervivencias persistentes del franquismo en nuestro país tiene que ver con las tentaciones autoritarias que determinados personajes públicos y no tan públicos tienen en la vida social, económica y política de nuestro país. El franquismo dejó más atado el virus del autoritarismo que otras cuestiones que, siendo importantes, casi no lo son tanto como aquel. Tantos años de ejercicio autoritario del poder, de propaganda y de maniqueísmo han impregnado hasta la médula muchas conciencias y hábitos personales y sociales. Todavía hay ciertas ideas y conductas relativas a que los problemas o ciertas situaciones se resuelven con "mano dura", y aún se oyen expresiones como "eso lo arreglaba yo con un par de bofetadas o metiéndoles en la cárcel a cadena perpetua o restaurando la pena de muerte" o en versión moderna “mandándoles a Venezuela”, aplicadas a situaciones de lo más variopinto. Hay personas que piensan que la máxima eficacia está en que uno o unos pocos tomen decisiones y los demás obedezcan, cuando no se dan cuenta, o no se quieren dar cuenta que las decisiones tomadas después de un buen debate de ideas, una votación democrática, o por consenso, o por amplias mayorías suelen ser más efectivas, sin negar que hay que respetar autoridades y ciertas jerarquías en el sistema político democrático, las empresas, asociaciones y grupos. La empatía, el diálogo, la confrontación de ideas y el respeto al contrincante político o en otros ámbitos no abundan mucho, y menos en tiempos de crisis. Es la tentación autoritaria frente a la legítima autoridad de un sistema democrático de convivencia donde, además, debe imperar la autoridad moral y un moderado ejercicio del monopolio de la fuerza.

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