La exhortación de Pablo Iglesias a los socialistas sin cargos en 1924

Publicado en Historia

Asentada la Dictadura de Primo de Rivera, Pablo Iglesias se dirigió a los militantes del Partido Socialista, a los socialistas sin cargos, para animar al trabajo, para fortalecer y desarrollar las fuerzas del mismo. La exhortación se publicó en el número del 28 de febrero de 1924 de El Socialista. Pablo Iglesias dedicó muchas energías al trabajo pedagógico en relación con lo que debería ser un buen socialista, o cómo tenía que funcionar una Agrupación. Hemos escrito algunos trabajos en este sentido, tanto en el este periódico como en el libro que dedicamos a la primera etapa de la historia del PSOE.

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Cuando el PSOE condenó los terrorismos entre 1894 y 1899

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En el Manifiesto que elaboraron los delegados del IV Congreso del PSOE del año 1894 se manifestó que era un “error grosero” atribuir al Partido Socialista “innobles aspiraciones”. El Partido nunca había pretendido destruir propiedad alguna, ni, por supuesto, atentar contra las personas propietarias. Lo que se pretendía era transformar la propiedad y destruir las instituciones privilegiadas, consideradas como caducas. Los socialistas nunca habrían demostrado con palabras o hechos que fueran partidarios de destruir la riqueza, ni de arrebatar la vida a ninguno de sus poseedores.

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Cuando el PSOE criticó al republicanismo federal en 1894

Publicado en Historia

El acusado sentido obrerista o proletario del PSOE tuvo una dimensión concreta en relación con el republicanismo más avanzado, el federal, en clara competición por conseguir el apoyo de los trabajadores. La tesis fundamental socialista partía del hecho de que la emancipación de los obreros era tarea de los mismos, encauzada por un partido obrero y no por uno definido por burgués avanzado o progresista. El republicanismo fuera, el que fuera, siempre era de signo burgués y no podía ser instrumento para la emancipación. El IV Congreso del PSOE, celebrado en agosto de 1894 en Madrid, aprobó un largo e intenso manifiesto donde, entre otras cuestiones fundamentales para los socialistas, se hacía una crítica a los federales, partiendo de lo que hemos expresado.

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El recuerdo de Jaime Vera en agosto

Publicado en Política

El médico y destacado socialista Jaime Vera falleció el 19 de agosto de 1918, es decir, cuando escribimos este artículo, hace 103 años. Nueve años después de su muerte El Socialista le recordaba en sus páginas. Rememoramos al personaje y también aquel recuerdo de fines de los años veinte porque nos ofrece claves tanto sobre el personaje como sobre nuestro presente, en relación con este tema que tanto nos obsesiona, el del compromiso.

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La entrevista de la UGT y el PSOE con el Gobierno en el verano de 1921

Publicado en Historia

El 20 de agosto de 1921 tuvo lugar una reunión entre Largo Caballero, Cordero y Blázquez, representando a la UGT y el PSOE y el ministro de la Gobernación el coronel Rafael Coello de Portugal, en el recién nombrado Gobierno (13 de agosto) de Antonio Maura. Coello había querido incorporarse a Marruecos como consecuencia del Desastre de Annual, y acababa de ejercer como gobernador civil de Zaragoza donde, según una de las fuentes empleadas para la elaboración de este artículo, pudo resolver de forma conciliadora los intensos conflictos sociales, pero fue nombrado ministro. Es importante destacar esta perspectiva, que encontramos en el Diccionario de la Real Academia de la Historia porque contrasta con la opinión socialista, sacada de la entrevista del día 20, y que versó, precisamente, sobre cuestiones sociales, aunque de todo el país.

Los socialistas reclamaron, una vez más, el restablecimiento de la normalidad constitucional. El ministro les informó que llevaría este asunto al Consejo de Ministros porque el Gobierno aún no se había ocupado del asunto. Aprovecharon para protestar por la que consideraban formas arbitrarias de actuar por parte de alcaldes y gobernadores en relación con la Ley de Reuniones, porque no consentían que se celebrasen actos de propaganda. Los socialistas querían saber el criterio del nuevo Gobierno. El ministro no les dio una respuesta. Les comunicó que se informaría y que, en consecuencia, resolvería. Esta fue la respuesta para casi todas sus demandas, como tendremos oportunidad de ver.

Otra preocupación de los dirigentes obreros tenía que ver con el criterio que seguía el Gobierno con los presos gubernativos. Tampoco obtuvieron una respuesta que consideraran satisfactoria, centrándose, precisamente, en su reciente gestión en Zaragoza. Los socialistas opinaban que el ministro parecía enamorado de su proceder, y le preguntaron por la situación de Chueca, al que Coello de Portugal contestó que la policía le consideraba peligrosísimo. Recordemos que José Chueca fue impresor y vendedor de periódicos, natural de Madrid, pero que desarrolló toda su vida en Zaragoza que comenzó su compromiso en el universo anarquista. En ese momento estaba, como vemos, en prisión, siendo un personaje muy perseguido en aquella época. Al final, en 1924 ingresaría en la Agrupación Socialista de Zaragoza, para morir en 1927.

Por último, los representantes de las dos organizaciones socialistas plantearon al ministro la situación de la Casa del Pueblo de Bilbao, exponiendo que los trabajadores estaban siendo atropellados, prohibiéndoles reunirse y pidiéndoles de forma injustificada los nombres de los que componían las Juntas directivas, deteniendo a treinta y seis miembros de la Casa del Pueblo, además de amenazar con cerrarla. El ministro prometió informarse inmediatamente por teléfono sobre lo que ocurría para poder tomar las medidas necesarias con el fin de normalizar la situación.

Los representantes socialistas no sacaron una muy buena impresión de la reunión, más bien, pesimista. Consideraban, como ya hemos apuntado más arriba, que el ministro se sentía muy orgulloso de lo que había hecho en Zaragoza, pero cuyo proceder calificaron de violento, en contraste con lo que expusimos más arriba. Opinaban que parecía que quería imponer ese proceder ahora en toda España desde su responsabilidad ministerial.

Al parecer, el ministro les había explicado su interpretación sobre el asociacionismo obrero con el que no estaban en absoluto de acuerdo. Según los socialistas, Coello de Portugal opinaba que los obreros podían y debían organizarse por gremios, por asociaciones de oficios, pero no debían formar grandes conglomerados de trabajadores en un mismo organismo. Los representantes socialistas le advirtieron que era una teoría peligrosa porque si así se pensaba desde el Gobierno se tenía que decretar la disolución de la UGT porque era uno de esos conglomerados u organismo centralizado, del cual formaban parte todas las organizaciones profesionales que querían pertenecer al mismo. Pero, además, le advirtieron que ese criterio chocaba con la propia Ley de Asociaciones. En este sentido, al parecer, el ministro les había respondido que la ley no importaba cuando peligraba la seguridad del Estado, porque el Gobierno no tenía más remedio que garantizar en todo momento la seguridad del Estado.

Este era el problema fundamental para los socialistas, es decir, que al ministro solamente le importaba, o le obsesionaba la seguridad del Estado en relación con los sindicatos. Con tal de dar la impresión de estar asegurada la “vida del Estado” estaba dispuesto a anular los derechos de la ciudadanía. Hemos consultado el número 3907 de El Socialista de 20 de agosto de 1921, el Diccionario Biográfico de Socialismo Español, y la biografía del ministro Coello de Portugal en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia.

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