El final de la Segunda Guerra Mundial en clave actual y para el futuro

Política

En estos días se conmemora el 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. En estos tiempos de coronavirus y, a pesar, de que esto que padecemos no es una guerra, como en distintas ocasiones hemos explicado, si podemos hacer algunas reflexiones sobre el futuro a través del pasado para cuando se supere la crisis sanitaria.

 

La finalización de la Segunda Guerra Mundial puso en marcha en el mundo occidental una nueva forma de encarar una grave crisis, de forma muy distinta de cómo se había afrontado la otra gran posguerra, la de la Primera Guerra Mundial. Estados Unidos olvidó su aislacionismo y puso en marcha su famoso plan de ayuda, mientras Europa apostaba por distintos modelos de estado del bienestar, el británico, el nórdico y el alemán, fruto de la iniciativa de las socialdemocracias, pero también de unas derechas, como la alemana, con fuerte influencia democristiana, conscientes de que volver a un capitalismo puro y duro no conduciría a nada. Además, no cabe duda que la fortaleza de la URSS y su expansión en la Europa del este hizo ver a las democracias occidentales que una forma de evitar el triunfo del comunismo era apostar por la intervención del Estado para distribuir más y mejor la renta, y generar bienestar ante los riesgos de la vida, y apostar por invertir en educación. Y todo eso, sin tocar, realmente los principios del capitalismo. Por otro lado, la derrota del fascismo hacía inviable, al menos, durante un tiempo, que se pudieran adoptar sus fórmulas.

No cabe duda que la victoria laborista en el Reino Unido, frente al popular Churchill cuando aún humeaba la guerra, marcó este cambio significativo. Los británicos estaban muy agradecidos al viejo político conservador por su liderazgo y su moral infatigable, pero ahora era tiempo de dejar de sufrir, era el tiempo de alcanzar cotas de bienestar y para eso era mejor apostar por el laborismo.

Pero, con todas las salvedades que se quiera en relación con la comparación con el pasado, la solución valiente que apuesta por la intervención del Estado, intentando que no genere mucha deuda y, por lo tanto, basándose en una política fiscal más progresiva para evitarla, pero, sobre todo, para redistribuir la renta, y para atender de forma inmediata a la pobreza que se está ya generando, no está caducada, no es vieja. Lo que está, realmente, caducado y es rancio es apostar por una renovación del capitalismo salvaje que es muy responsable si no de lo estrictamente médico en la pandemia actual, sí de haber mermado los mecanismos que los estados occidentales habían generado en atención sanitaria y social. Además, necesitamos liderazgo en nuestros países, en nuestras instituciones supranacionales, generosidad, altura de miras y decisión. Nos jugamos el futuro, y nos jugamos regresar al pozo oscuro al que quiere enviarnos el fascismo de traje y corbata con sus soluciones simplistas y, novedad en relación con el viejo fascismo, con su neoliberalismo a ultranza.

La Historia enseña mucho, nos hace entender muchas cosas de nuestro presente, pero, sobre todo, nos permite construir proyectos de futuro.

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