Los socialistas y los ayuntamientos a propósito de Andrés Saborit

Política

A las puertas de unas cruciales elecciones municipales que, a buen seguro, cambiarán el panorama del poder local en España, rescatamos un artículo de Andrés Saborit en “El Socialista” del 25 de enero de 1945 sobre la intervención de los socialistas en los Ayuntamientos, que luego fue la base de una conferencia que dio el día 3 de febrero en un ciclo que organizó el PSOE en Toulouse. Algunas cuestiones que allí se vierten nos interesan en el momento presente, salvando los aspectos relacionados con la dictadura. El artículo reafirma la vocación municipalista del socialismo español y la importancia de la acción política local a favor de los ciudadanos y, particularmente de los trabajadores, sin obviar otros aspectos, como el de la vital financiación de las haciendas locales, y la necesidad de contar con ediles bien formados, eficaces y responsables.

El artículo comenzaba interrogándose sobre qué postura debía adoptar el socialismo español en el momento en que se decidiese su vuelta al país y se alcanzara la normalidad constitucional. Para Saborit parecía obligado que el PSOE participara en el gobierno del país desde el momento en que se recuperase la República aunque él, en realidad, consideraba que esa participación perjudicaría al socialismo, pero debía primar el sentido de la responsabilidad. La condición era que habría que estudiar el programa político mínimo que debía aplicar el gobierno para favorecer a la clase obrera, “sin demagogia pero sin claudicaciones”. Lo que parecía más ineludible era participar en los Ayuntamientos y otras corporaciones públicas. Se podría no tener ministros en el gobierno pero era imposible no tener alcaldes ni presencia socialista en los principales Consistorios, demostrando la secular vocación municipalista del PSOE. Esta vocación era defendida por Saborit porque, aunque no podía dejar de reconocer la importancia de la acción política transformadora en las instituciones generales, como en las Cortes, parecía más eficaz la acción política municipal siempre que los representantes, es decir, alcaldes y concejales, tuviesen un claro compromiso para servir a los trabajadores y conociesen claramente la labor a emprender.

Para Saborit la reconstrucción económica del país pasaba por un primer ensayo en el ámbito municipal y provincial, a través de la municipalización de industrias fundamentales y servicios. Los Municipios se convertían en una escuela política para los socialistas. Es interesante cómo, además, el autor tendía puentes hacia la CNT porque aludía a que muchos de sus miembros comenzaron a comprenderlo en algunas corporaciones en los últimos tiempos de la República.

Había que prepararse previamente para estar en condiciones de desempeñar el cargo para el que el Partido nos designase a favor de los ideales socialistas y de la clase trabajadora, dejando atrás las ambiciones personales. Era el mejor servicio que se podría prestar a los españoles que padecían la dictadura franquista en el momento de hacerse cargo de las responsabilidades municipales.

Saborit terminaba haciendo un alegato sobre la importancia de los Ayuntamientos. Nada de lo que se relacionaba con los mismos podría ser indiferente para los ciudadanos de un país, y mucho menos para los trabajadores, que necesitan buenos servicios municipales para “defender su vida y su cultura”.

Pero unos Ayuntamientos verdaderamente robustos necesitaban autonomía económica completa. Si seguían padeciendo estrecheces no sería posible tener buenos servicios. La transformación social que se necesitaba en el país pasaba por esa autonomía y, sobre todo, insistiendo de nuevo, por contar con responsables honestos y capaces.

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