La vocación municipalista de Manuel de la Rocha

Política

Cuando Manuel de la Rocha Rubí dio el paso ofreciéndose como candidato socialista para la alcaldía de Madrid en las próximas elecciones municipales, recordé que el compañero no sólo era un decidido luchador por la memoria democrática de este país, que había sido diputado en el Congreso de los Diputados y en la Asamblea de Madrid, que trabajaba como abogado por los derechos de los trabajadores y como sindicalista de la UGT, que pertenecía a Izquierda Socialista, y que había sido consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, sino que había demostrado ya su valía como alcalde de Fuenlabrada, entre 1979 y 1983. Sabía bien de todas las otras actividades, especialmente la relacionada con la memoria, conocía su oratoria, entre clásica y moderna, gracias a tantos actos, especialmente en la Agrupación Socialista, pero también en otros ámbitos, pero he descubierto algo que me agrada aún más de Manolo de la Rocha, su vocación municipalista, y que entronca con la propia del socialismo español.

Efectivamente, los socialistas han considerado a lo largo de su historia como una de sus grandes prioridades entrar en los Ayuntamientos, dada la importancia que el PSOE siempre ha dado al ámbito municipal por su proximidad hacia los ciudadanos, no sólo como un nivel administrativo de gestión de servicios., sino como un resorte de poder político para transformar la realidad, una seña de identidad socialista. La llegada de concejales a Ayuntamientos vascos inició una lenta, pero continua presencia de socialistas, que plantearon alternativas prácticas que terminaron por ser atrayentes para los electores, como se puso de manifiesto en las elecciones trascendentales de abril de 1931, y luego en nuestra democracia en 1979 y 1983, por citar tres momentos claves de incontestable éxito electoral.

Manuel de la Rocha pertenece a esta historia porque, como nos ha explicado en muchas ocasiones, cree en la política para transformar las cosas, y en Madrid, aunque hayan cambiado muchas desde que la derecha ya no nos castiga con sus privatizaciones, su desinterés por las capas sociales más vulnerables y por los barrios de un Sur que siguen existiendo, y legándonos un déficit gigantesco (¿aún alguien se cree eso de que las izquierdas gastan sin medida y las derechas gestionan mejor los fondos públicos?), deben cambiar más profundamente. El candidato o pre-candidato defiende el diálogo con las otras fuerzas de la izquierda, con la ciudadanía, con la idea clara de que el Ayuntamiento no es un simple gestor de servicios, sino una palanca en favor de la igualdad, muy cerca de las personas.

También, fiel a la historia del socialismo español, es un hombre de Partido, un hombre de grupo, no un líder de plataformas más o menos progresistas, que se puedan diseñar en gabinetes y despachos entre informes y estadísticas electorales. En muchos sentidos, escucharle parece llevarnos a otras épocas de la izquierda española, con intenso afán didáctico, pero cuando analizas el discurso, comprobamos que está lleno de intensa modernidad; un ejemplo sería su verdadera obsesión por el medioambiente, porque los Ayuntamientos tienen tanto que decir, y más en estos tiempos de demagogia y manipulación de las derechas madrileñas sobre esta cuestión.

No me queda más que agradecer a Manolo de la Rocha, un hombre que podía descansar después de una tarea política y sindical tan intensa, pero sin los narcisismos propios de lo público, por haber dado este paso, lleno de complicaciones. Un hombre veterano del que aprender, un hombre joven con el que trabajar.

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