República

Política

Cuando tratamos de la república estamos hablando de un concepto político, pero también jurídico. Procede del latín, “res publica”, opuesto a la “res privata”, es decir, la comunidad política o “cosa pública”, frente al ámbito privado, una diferencia que era muy evidente entre los romanos. En este sentido, se trataría de un término genérico equivalente al bien común. Aunque el origen de la república aparece en el mundo romano, no cabe duda que, realmente encontraríamos el principio republicano en las polis clásicas griegas.

Posteriormente, la república se puede asimilar a la “civitas” medieval, dando origen a las repúblicas aristocráticas. En la Europa absolutista, las repúblicas se asociaban a regímenes basados en el derecho, o en territorios pequeños donde eran posibles gobiernos que, sin ser democráticos, sí estaban sujetos a complejas legislaciones con contrapesos institucionales que impedían la concentración personal del poder, propia de las monarquías absolutas, aunque terminaran controlados por oligarquías. En esta época hubo algunas repúblicas importantes, como la Serenísima de Venecia, por ejemplo. Por otro lado, en el mundo anglosajón surgía el concepto de “commonwealth”, vinculado al significado del bien común.

El republicanismo en el último cuarto del siglo XVIII era una ideología radical. En principio, lo era porque eliminaba la figura del rey y creaba una nueva forma de gobernar, pero también planteaba nuevos valores. El republicanismo que apareció en Norteamérica hundía sus raíces en un conjunto de ideas que se recibieron de la propia metrópoli y de Europa continental, y que tienen su origen en la Antigüedad clásica, encontrando al otro lado del Océano Atlántico un lugar con unas características que permitieron su desarrollo. Esas ideas ensalzaban los valores que se asociaban a la importancia de la ciudadanía y de la política “sana”, así como al ejercicio de una vida adecuada y a la moralidad social. Esos valores eran propios de la Atenas clásica y de Roma, pero su abandono provocó la crisis de la República romana. Pero los valores republicanos no murieron con la llegada del Principado y el Imperio. En Europa se mantuvieron y fueron revitalizadas en el Renacimiento, especialmente con Maquiavelo. Pasaron en el siglo XVII al mundo anglosajón. James Harrington fue un teórico fundamental en la revitalización del republicanismo clásico. En 1656 escribió La República de Oceana, dedicada a Cromwell. Harrington defendió la rotación de los cargos, la separación de poderes, el bicameralismo, etc. Su influencia fue evidente para conformar el ideario posterior de los whigs, y también para la propia Revolución americana. Por su parte, Algernon Sidney también es una figura muy importante en el republicanismo anglosajón por su protagonismo en la época de la primera Revolución inglesa y por sus teorías. Sidney planteó que la monarquía absoluta como la ejercía Luis XIV era una mala forma de gobierno. Su obra fundamental fueron los Discursos relativos al Gobierno, y que tuvieron mucho que ver para que fuera ejecutado en 1683. También es importante destacar al poeta John Milton. Como hemos visto, todo este republicanismo se enmarca en el contexto de las agitaciones políticas inglesas en el siglo XVII, especialmente con la ejecución de Carlos I y el gobierno de Cromwell.

El republicanismo pasó al siglo XVIII como una ideología y un conjunto de valores contra los sistemas políticos absolutistas en su moderna versión de despotismo ilustrado. Nutrieron a los críticos e insatisfechos con la situación política europea. Se vertieron en muchos escritos como en las historias de la Antigüedad de Charles Rollin, o en las innumerables traducciones de Salustio y Tácito. En realidad, estas obras presentaban una imagen idílica de la República romana formada por labradores, que eran ciudadanos que defendían la libertad, la sobriedad, y una forma de vida arcádica. Ese mundo era visto por los críticos del XVIII como una alternativa a las monarquías absolutas basadas en las jerarquías estamentales, el lujo, la corrupción, y la sofisticación de rituales y protocolos. 

Ese mundo rural arcádico conectaba claramente con los habitantes blancos de las Trece Colonias. Los norteamericanos aparecían como un pueblo sencillo, igualitario, amante de la libertad y muy vinculado a la tierra. Permitía superar la visión despectiva sobre la rusticidad de sus vidas, y que se habría podido dar hasta entonces. Ahora esa vida se contemplaba, al vincularse con la Roma republicana, como una ventaja para levantar un nuevo sistema político, para el triunfo del republicanismo frente a las sofisticadas y artificiosas monarquías absolutas. Los labradores norteamericanos dueños de tierra, esforzados en su trabajo, iguales e independientes no eran ya primitivos frente a los sofisticados europeos, sino modernos romanos, ciudadanos que estaban en condiciones de construir un sistema político republicano, y una sociedad nueva.

Así pues, el moderno de república nace en la época de las revoluciones americana y francesa en el momento que se constituyeron sendas repúblicas, una vinculada al nacimiento de una nueva nación y la otra al destronamiento de un rey y la abolición de la monarquía. Los súbditos pasaron a ser ciudadanos con reconocimiento y garantía de sus derechos y se instauraron sistemas políticos representativos con división de poderes.

En nuestro tiempo, la república se puede definir como un sistema de gobierno contrapuesto a la monarquía y caracterizado por el cambio periódico de la jefatura del estado que tiene un mandato limitado y temporal, frente al principio hereditario de la segunda. La elección de la presidencia de la república varía entre los dos grandes modelos de república que existen. En el caso de las repúblicas presidencialistas, donde el presidente tiene amplios poderes, el jefe del estado es elegido por los ciudadanos, directamente como en el caso francés y en casi todas las repúblicas latinoamericanas e indirectamente, a través de la elección de unos compromisarios, como en Estados Unidos. Por su parte, en las repúblicas no presidencialistas, donde los presidentes tienen poderes muy limitados,  éstos suelen ser elegidos por el poder legislativo, como ocurre en los casos alemán o italiano, entre otros. En todo caso, no existe regla fija y cada república tiene su propio sistema, fijado en su constitución respectiva.

Pero si en la historia contemporánea el concepto de república se ha asociado a la democracia representativa, al reconocimiento y garantía de derechos, así como a la división de poderes, conviene hacer algunas matizaciones importantes en relación con esta asociación, aunque no aplicables, en mi opinión, al caso español, ya que, con la excepción actual, la democracia solamente ha existido en nuestro país cuando ha habido repúblicas. En el mundo han existido y existen repúblicas que no han tenido ni tienen respeto alguno por los derechos de sus ciudadanos, donde no ha habido ni hay clara división de poderes, y donde la democracia ha brillado y brilla por su ausencia. Pensemos en las dictaduras latinoamericanas de los años setenta y ochenta o en algunas repúblicas del universo musulmán, por ejemplo. Por otro lado, ha habido y sigue habiendo un tipo de república asociada a la denominada “democracia popular”, y que es una variante del totalitarismo. Pero, además, las monarquías parlamentarias occidentales nada tienen que ver con las monarquías del pasado y poseen los demás principios de las repúblicas democráticas, a excepción del tipo de jefatura del estado.

Etiquetado como :
Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido