El testimonio del socialista Víctor Gómez Barcenilla en Dachau y Mauthausen

Historia

Víctor Gómez Barcenilla (1898-1975) fue un superviviente de Dachau y Mauthausen, con una historia que podemos calificar de impresionante desde que dejó la escuela para trabajar de minero y poder ayudar en casa. Y en ese momento comenzó su compromiso al acudir a la Casa del Pueblo, y donde se formó en su biblioteca. En 1912 ingresó en la UGT y unos años después en las Juventudes Socialistas. Escribió en La Lucha de Clases y en El Socialista. Tuvo importantes responsabilidades sindicales en el ramo de la minería y en la Agrupación Socialista de La Arboleda, localidad vizcaína donde había nacido. Fue elegido concejal en San Salvador del Valle en las elecciones de abril de 1931, para ser durante unos meses alcalde, y luego gestor de la Diputación Provincial de Vizcaya. Fue protagonista de la Revolución de 1934. En la guerra tuvo responsabilidades en intendencia y asistencia social para los refugiados vascos en Cataluña. En Francia estuvo en el campo de Argelés, para luego luchar en la Resistencia francesa. Sería detenido y conducido a Dachau y Mauthausen. El fin de la guerra le llegó trabajando en una fábrica subterránea dependiente del campo de Melk. Después de la guerra se significó en la Federación Española de Deportados e Internados, siendo su secretario general. También fue miembro del primer Consejo Vasco por la Federación Europea.

 Pues bien, el periódico El Socialista en su sección de “Nuestros reportajes”, recogió el testimonio de Gómez Barcenilla sobre su paso en Dachau y Mauthausen, al que nos acercamos en este artículo.

Nuestro protagonista relató que el viaje a Dachau duró 58 días. Los deportados perdieron mucho peso y casi todas sus ropas en el viaje. Llegaron en una noche de agosto, encontrándose rodeados de guardias de las S.S. con perros. Los deportados fueron distribuidos en los bloques de cuarentena, teniendo que compartir la cama con tres o cuatro, siendo la anchura de la misma de unos 80 centímetros. La vida en esos bloques era muy dura. A las cuatro de la mañana había que levantarse para formar militarmente a la intemperie, pasando así varias horas y padeciendo un frío y cansancio irresistibles. Después se amontonaban unos contra otros en lo que denominaron entre ellos “rueda”, formando un círculo de pecho con espalda.

El período de cuarentena la comida consistía en un litro de berzas o nabos. Gómez explicaba que la comida se contaba por litros, lo que nos hace suponer que sería una especie de sopa insípida con pedazos de estas verduras.

En ese período los prisioneros pasaron por tres revisiones médicas que tenían como fin comprobar el grado de aptitud de cada uno para formar grupos para ser enviados a otros campos. A Gómez le tocó Mauthausen junto con otros 65 españoles. Recordaba con intensa emoción la despedida de sus otros compañeros, ya que llegó en un grupo de 205 españoles. Allí dejó a Teodoro Marín, un socialista madrileño de avanzada edad, que no pudo resistir más.

Nada más llegar a Mauthausen tuvieron que formar, desnudarse, para entrar en un lugar subterráneo donde un grupo de barberos les cortó el pelo al rape y les afeitaron todo el cuerpo. Realizada esta primera humillación tuvieron que pasar a los barracones. Para que cupiesen todos los destinados a cada barraca fueron formados en filas bien juntos, y a una señala todos a un tiempo tenían que tumbarse en el suelo de costado para ocupar menos sitio, y cruzados de forma que encajasen bien los pies de uno entre la cabeza de los otros. De la forma en que se cayera había que pasar toda la noche porque no había modo alguno de moverse, provocando disputas, que los guardas terminaban saltando por encima de todos, pisando cabezas, cuerpos y piernas, y blandiendo estacas con las que rompían brazos y machacaban cabezas.

Gómez explicó que se le destinó a trabajar en una cantera, pero para llegar a ella había que subir ciento ochenta y seis escalones, la tristemente famosa escalera tantas veces relatada. Los escalones estaban tallados en piedra áspera y mal colocada. Se subía cargados con piedras de gran peso.

Su testimonio terminó explicando el suceso que ocurrió el primer día con un prisionero italiano que, al parecer, no llevaba una piedra grande, y que terminó, después de una disputa, con un tiro en el cráneo.

Hemos consultado el número 5271 de El Socialista. Para ampliar la vida de Víctor Gómez es muy recomendable acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

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