La huelga de los curtidores de Barcelona de 1886

Historia

La huelga de los curtidores de Barcelona de 1886 estalló a consecuencia de la negativa de los patronos a aceptar una propuesta alternativa ante la crisis económica que plantearon los trabajadores. Al parecer, los curtidores habían propuesto a los fabricantes que se estableciesen turnos para evitar despidos por la falta de trabajo. Según El Socialista, que siguió de cerca el conflicto, los empresarios se negaron por una supuesta venganza ante el triunfo que habían conseguido anteriormente los trabajadores en relación con su salario. En consecuencia, los curtidores se negaron a trabajar hasta que no fuera aceptada su propuesta. El periódico obrero valoraba mucha esta actitud porque demostraba el poder de la solidaridad obrera. El conflicto se dilató durante unos dos meses.

 

En abril de 1886, la Unión de Obreros Curtidores de Barcelona y sus alrededores consiguió que la mayoría de los industriales firmasen un conjunto de propuestas. La victoria principal radicó en que los fabricantes debían aceptar que en épocas de crisis y, por lo tanto, de falta de trabajo, no se despediría a ningún trabajador, repartiéndose el trabajo como acordasen patronos y operarios. Pero también se consiguieron otras mejoras salariales y laborales. En primer lugar, el jornal mínimo de un curtidor de suela, que estuviera a “semanada” fija, y supiera colgar, descarnar y tablar, sería de 24 pesetas, sin obligación de trabajar en festivos. Los oficiales que manejasen solamente una parte de estas operaciones tendrían un jornal entre 22’50 y 21 pesetas. También se estableció una escala de jornales para otros tipos de oficiales que no estuvieran a “semanada” fija, así como para los aprendices. Muy importante debió ser fijar la cuestión de las horas extraordinarias, un problema que siempre preocupó mucho al movimiento obrero, dados los abusos existentes, y por el incumplimiento de la legislación en esta materia cuando se promulgó.

El acuerdo establecía que cuando el trabajo lo reclamase y no excediera de una semana, las horas extraordinarias o “fuera de la jornada” se pagarían a razón de 50 céntimos cada una. Si el trabajo extra excedía de una semana el pago de la hora ascendería a 1 peseta. Pero, en aras de la solidaridad obrera, ese aumento debería ser abonado por el obrero a la Caja de imposibilitados de la Sociedad Obrera. No olvidemos la doble función de estas Sociedades, tanto de Resistencia como de Socorros Mutuos. El acuerdo posibilitó que volvieran al trabajo unos setecientos curtidores, aunque se mantuvieron en huelga unos noventa, ya que sus patronos se negaron a firmar estas propuestas. Al alargarse la huelga se desarrolló un movimiento de solidaridad moral y material por parte de otras Sociedades de Resistencia, destacándose, al parecer, las de Valls, Vich, Igualada, Mataró y Valencia. Poco a poco fueron cediendo los fabricantes más reacios.

Hemos consultado los números 5, 6, 7 y 8 de El Socialista. Podemos acudir a las obras clásicas de Manuel Tuñón de Lara (1972), El movimiento obrero en la historia de España, Barcelona, y de Clara E. Lida (1973), Antecedentes y desarrollo del movimiento obrero español. Textos y documentos, Madrid. Más modernas, y atendiendo a los dos universos del movimiento obrero, son imprescindibles las siguientes: Santiago Castillo (2008), Historia de la UGT. Vol. I: un sindicalismo consciente, 1873-1914, Madrid; y Josep Termes (2011), Historia del anarquismo en España (1870-1980), Barcelona.

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