La victoria laborista de 1964 en el análisis electoral de Roderick Seville

Historia

Seguimos analizando el triunfo electoral laborista de Harold Wilson de octubre de 1964 desde la perspectiva socialista española. En un anterior trabajo vimos el comentario que realizó Rodolfo Llopis del mismo. Pues bien, en las mismas páginas de Le Socialiste, contamos con otra visión. Esta vez estamos hablando de un socialista menos conocido, Roderick Seville, que al terminar la guerra se exilió en Inglaterra, militando en las secciones del PSOE y de la UGT de Londres, por lo que presumimos estaba allí en el momento de los comicios.

 

Seville se hacía dos preguntas: “¿Y qué de la tarea con que se enfrenta el laborismo británico? ¿Podrá el Partido laborista echar los cimientos de esa “nueva Gran Bretaña” sobre los que sustentar la armazón de una sociedad capitalista? Y estas preguntas gravitaban sobre un conjunto de reflexiones acerca del comportamiento del electorado británico desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que nos parecen muy sugerentes para rescatarlas.

La segunda de las cuestiones formuladas se podría aplicar, a juicio de Seville, a la actuación de cualquier Partido Socialista que aspirase a transformar la sociedad capitalista en una sociedad socialista recurriendo a las elecciones, al presuponer que la gobernación de una nación se efectuaba con el consentimiento de los gobernados.

En principio, ningún Partido socialista podría ser derrotado en las urnas, puesto que la clase más numerosa era la de los trabajadores y trabajadoras y, aunque los poderosos contaban con importantes recursos financieros y de todo tipo muy superiores en cuantía y en calidad a los que pudieran disponer los socialistas, parecía innegable que cada hombre y cada mujer mayores de edad solamente votaban en un sentido. Entonces, ¿quién, aparte de los que, por pertenecer a esa capa social, votaba a los conservadores? La respuesta era evidente: también “algunos de nosotros”.

Wilson era el líder indiscutible del laborismo, como el malogrado Gaitskell, por contra no lo había conseguido. Recordemos que había sido el jefe de la oposición laborista entre 1955 hasta su muerte casi repentina en 1963 a los 56 años, provocando todo tipo de rumores sobre una supuesta conspiración soviética para que Wilson se alzara con el liderazgo laborista. Pues bien, Seville consideraba que Wilson era un político clarividente con una enorme preparación intelectual, y que, siempre según la opinión de nuestro autor, consolidaría la posición lograda por el laborismo en los próximos meses. Recordemos que la mayoría no era muy amplia.

Wilson habría conseguido en la campaña electoral entusiasmar a una mayoría de británicos con la visión de un horizonte mejor, de una “nueva Gran Bretaña”, y basándose en la clase de los trabajadores, tanto manuales como los de “cuello blanco”, técnicos, hombres de ciencia, y otros. El triunfo en las urnas le habría dado la razón. Pero solamente en parte, y no sólo porque él y el Partido tendrían que mantener vivo ese entusiasmo, sino porque tendrían que lograr también que el movimiento laborista fuese reconocido como la representación general de toda la sociedad, es decir, incluyendo a la parte de la clase trabajadora que siempre votaba a los conservadores.

Desde la posguerra muy pocos votos habían pasado del campo conservador al laborista, y no parecía, en principio, que pudiera cambiar esa situación en el futuro próximo. Y para ello, Seville aportaba una tabla comparativa sobre la estabilidad del voto británico desde 1945. Había una clara polarización entre conservadores y laboristas, insistiendo que existía un buen número de trabajadores y trabajadoras (el autor afirmaba que más de éstas que de aquellos) en el primer campo político. Así pues, en cada elección había pocas actas en disputa, puesto que las mayorías eran tan abrumadoras en un sentido y otro que en un número muy limitado de circunscripciones electorales había verdaderas batallas electorales.

En consecuencia, se preguntaba Seville, ¿cuál era la ruta más directa hacia la meta socialista? Pues, si Llopis en su artículo atacaba a los agoreros que consideraban que los laboristas necesitarían a los liberales para gobernar y, por lo tanto, se desnaturalizaría el programa electoral laborista, Seville no defendía tampoco un gobierno de coalición, pero sí un pacto electoral con los liberales para restar fuerza a los conservadores. En todo caso, consideraba que si los laboristas desarrollaban gran parte de su programa en lo que concernía al abaratamiento de las viviendas, el aumento de las pensiones, manteniendo a su vez el pleno empleo y estabilizando los precios de los alimentos, entraba dentro de lo posible que en sucesivos comicios su posición podía hacerse inexpugnable, y no como hasta ahora donde unos cuantos millares de votos podían condenarles a la oposición.

Como fuente hemos empleado el número 149 de Le Socialiste, de 29 de octubre de 1964.

 
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