La Primera Conferencia Sanitaria Internacional (1851)

Historia

El desarrollo de las estructuras estatales en el siglo XIX y la creciente internacionalización de la economía, derivada de la Revolución Industrial con un crecimiento exponencial del comercio y de las migraciones, llevaron a la constatación de que para combatir las epidemias había que coordinar esfuerzos entre los países. Y eso propició la celebración de Conferencias Sanitarias Internacionales, siendo la primera en París en 1851, y después de forma periódica hasta 1938, teniendo lugar hasta catorce (diez durante el siglo XIX, y el resto en el XX).

 

El problema radicaba en que ante las epidemias había dos grandes posturas, en principio, muy enfrentadas. Por un lado, estaba la posición defendida por los países del Mediterráneo, que tenían mucha experiencia histórica en la lucha contra las pandemias, como las desarrolladas por las recurrentes pestes, pero también por otras enfermedades. Esta posición médica y de dichos Estados estaba muy preocupada por el contagio en sí, por lo que se defendía el establecimiento de cuarentenas más o menos estrictas, especialmente a través de los puertos, la principal vía de entrada de personas y bienes hasta ese momento. Pero, por otro lado, se encontraban los médicos y países del norte europeo y del ámbito anglosajón, que consideraban anticuadas las cuarentenas porque pensaban que las enfermedades se producían a través de lo que se ha conocido como las “teorías miasmáticas”, es decir por los efluvios (las “miasmas”), que surgían por la descomposición de la materia orgánica en determinadas condiciones climáticas y del suelo. Frente a la cuarentena había que proceder al desarrollo extremo de la limpieza. Era necesario ponerse de acuerdo, algo muy complicado, como tendremos oportunidad de comprobar.

Pero si la cuestión del origen de las pandemias era polémico en los primeros momentos del siglo XIX, para luego ir solucionándose gracias a los avances de la medicina, pronto surgió otro nuevo, y que tenía que ver con los dos tipos de asistentes a las Conferencias. Efectivamente, a estas reuniones internacionales estaban convocados diplomáticos y juristas, junto con los médicos. Los primeros comenzaron a acusar a los segundos de que se enzarzaban en eternas discusiones, en función de las posiciones que hemos referido sobre el origen de las enfermedades, frente a los segundos que achacaban a los primeros su desconocimiento científico y su encorsetamiento legislativo e institucional. Las discusiones provocaron que muchas de estas Conferencias se alargaran en exceso.

Las reuniones internacionales pretendían elaborar una Convención sanitaria internacional para poder organizar a nivel mundial la lucha contra las epidemias, pero no fue tarea tan sencilla, como podemos imaginar dados los problemas que hemos planteado. No se consiguió en la primera, celebrada en París, ni en las siguientes, hasta que en la celebrada en Venecia en 1892 se pudo aprobar la primera Convención. En la primera Conferencia las discusiones de los asistentes se centraron en el tema de las cuarentenas marítimas en el Mediterráneo, en relación con la peste, la fiebre amarilla y el cólera, así como en la creación de unos puestos sanitarios de vigilancia en Oriente Medio, que pudieran proporcionar información de forma periódica respecto al surgimiento y desarrollo de las enfermedades epidémicas, especialmente en relación con la peste y el cólera. Por supuesto, fue una Conferencia donde el debate y el enfrentamiento entre las dos posturas fue evidente.

Podemos consultar el trabajo de Juan B. Mateos Jiménez, “Actas de las Conferencias Sanitarias Internacionales (1851-1938), en Revista Esp. Salud Pública, vol. 79, nº3 (mayo/junio de 2003), en la red.

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